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OPINIÓN

La materia de los sueños

Jordi Puntí

Qué suerte que existan los jugadores argentinos y su verbo elocuente

Desde hace unos días mi vida es más alegre porque sigo a Yerry Mina en Twitter. El defensa colombiano todavía no ha debutado con el equipo, pero desde el día de su presentación -cuando pisó el césped del Camp Nou con los pies descalzos- transmite en sus mensajes la felicidad de compartir el vestuario con esos grandes jugadores. Con una sensación de privilegio cercano, sus compañeros ya son panas, como el "panita Suárez, el pistolero", y cada día parece que esté tanteando el terreno para ganarse el cariño de los aficionados. A menudo lo hace con una brevedad que es fácil de descifrar: el domingo pasado, durante el partido contra el Betis, le bastó con escribir "Messi" -y todos entendimos que estaba elogiando su omnipresencia en el juego- y el miércoles, tras la eliminación del Real Madrid, colgó un emoticono de ojos como platos y mejillas sonrojadas.

La lógica dice que Mascherano despierta ahora para que sueñen otros, quizá alguien como Yerry Mina

Esta semana Yerry Mina también compartió una foto en el vestuario de la despedida de Rafinha, con todos los jugadores a su alrededor, justo antes del entrenamiento, y no podía ser una imagen más feliz. Todos sin excepción aparecen relajados y sonriendo, incluso Deulofeu. Unos llegan y otros se van, y en la foto también estaba Mascherano, que unos días después vivió con lágrimas contenidas su despedida del club con destino a China. Qué suerte que existan los jugadores argentinos y su verbo elocuente. Aunque sea de carácter tímido, en el adiós del miércoles el jefecito resumió su paso por el Barça con una frase tan simple como profunda: "Hace siete años y medio llegué acá para cumplir un sueño y es la hora de despertar. Mi sueño terminó".

La alucinación permanente

En literatura los sueños suelen ser un recurso fácil, sobre todo si el protagonista sufre una pesadilla ("y entonces despertó y comprendió que todo había sido un sueño"). En el caso de Mascherano, la lógica dice que él despierta ahora para que sueñen otros, quizá alguien como Yerry Mina, de lo que se desprende que este Barça está hecho de la misma materia de los sueños.

Vamos, que como quizá diría Antonio Tabucchi, es "un sueño de sueños". Así lo viven también la mayoría de aficionados, casi como un estado febril, de alucinación permanente, que se prolonga de partido a partido. Llega un momento, entonces, en que el futbol parece quedar fuera de la realidad y se convierte en una ilusión sin fin. Vemos debutar a Coutinho frente al Espanyol, por ejemplo, le vemos participar en un rondo en directo como si llevara ya dos años entrenando con sus nuevos compañeros, y sabemos que su sitio está en este sueño, aquí y ahora, y le incorporamos de inmediato a él...

Todo esto, claro, es más fácil cuando el equipo gana y además lo hace con  la solidez que el Barça está demostrando en los últimos partidos. La contrapartida, el peligro, es que el estado onírico nos haga caer del caballo, o nos convirtamos de repente en sonámbulos sin voluntad. Por eso los partidos como el de este domingo, contra el Alavés, que parecen ganados antes de empezar, son ideales para poner a prueba los reflejos. Te obligan a tocar de pies en el sueño. Perdón, en el suelo.

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