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Análisis

Del 'procés' al legitimismo

Joaquim Coll

La duda es si Puigdemont preferirá provocar nuevas elecciones o designar finalmente a un sustituto

Estamos entrando en una fase que, desgraciadamente, no va a ser tampoco de normalidad institucional, sino llena de nuevos sobresaltos. La unilateralidad murió en octubre pasado, tras el sainete de DUI y la aplicación del 155. No hubo desobediencia, sino estampida del Govern destituido. Pero los resultados del 21-D, en que la lista de Carles Puigdemont le ganó la partida a Oriol Junqueras, hicieron posible el nacimiento de la causa legitimista. El 'expresident' apareció a los ojos del votante independentista como mucho más peligroso para el Estado que el líder republicano, con sus cartas de amor desde Estremera.

Cuando el juez Pablo Llarena suspendió el 5 de diciembre la euroorden que pesaba contra los fugados a Bélgica, le brindó una gran ventaja electoral a Puigdemont. Este pudo certificar que su decisión había sido astuta para seguir internacionalizando el conflicto. Paradójicamente, quien estuvo a punto de firmar la convocatoria de elecciones autonómicas y de pasar como un "traidor"” (recuerden las “155 monedas de plata”, de Rufián), protagonizando poco después una huida que algunos también calificaron de cobarde, se ha acabado convirtiendo en el mayor incordio para el Gobierno español.

Restituir al 'expresident'

El legitimismo se sustancia en la exigencia de restitución del 'expresident' en su cargo. Se trata de algo muy simple pero muy radical al mismo tiempo porque todo el mundo sabe que Puigdemont, excepto que lograra presentarse en el Parlament sin ser antes detenido, no podrá ser investido. Lo han dicho los letrados de la Cámara catalana y es de sentido común que el candidato a la investidura tiene que estar presente y que tampoco se puede gobernar desde el extranjero. El revés que ha sufrido Sáez de Santamaría con la negativa del Consejo de Estado agrava la imagen de ineptitud del ejecutivo del PP, pero no cambia lo sustancial en cuanto al futuro de Puigdemont. El legitimismo es muy vistoso pero es una causa perdida.

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Lo que no sabemos todavía es si estamos ante una estrella fugaz o un nuevo astro que acabará por canibalizar todo el independentismo. Depende de los acontecimientos. Puigdemont necesita imperiosamente ser elegido en una votación cuya fuerza, aunque solo sea simbólica, tendría un enorme significado político. No obstante, lo más probable es que el recurso de inconstitucionalidad que el Gobierno ha presentado preventivamente sea admitido a trámite con lo que el pleno del martes no se celebrará. Pero también que, reproduciendo los mismos argumentos del Consejo de Estado, el TC acabe validando la candidatura de Puigdemont, aunque advirtiendo al 'president' del Parlament, Roger Torrent, que una votación con el candidato en ausencia no se puede efectuar y que cometería un delito de desobediencia si consiente en ello.

En cualquier caso, el 'expresident' se ha hecho con el control de la política catalana. El discurso legitimista se está convirtiendo en el recambio del 'procés', una vez que la unilateralidad se ha esfumado. Y por ahora provoca el mismo suspense. La duda es si Puigdemont preferirá provocar nuevas elecciones o designar finalmente a un sustituto. 

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