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DOS MIRADAS

Carles Puigdemont durante una reunión de Govern.

JOAN CORTADELLAS

Puigdemont y la UE

Emma Riverola

Entre la presidencia telemática o la repetición de comicios, hay un punto de encuentro posible: la elección de una persona próxima al 'expresident'

Empezar una legislatura regateando el reglamento del Parlament, enfermos de personalismo y sin un proyecto político claro es emprender descalzos un camino de guijarros. Y es imposible que la mayoría independentista no lo sepa. Puigdemont tiene sus motivos para el empecinamiento. Él quiso frenar la DUI en contra de sus principios, pero los del ‘ni un paso atrás’ se impusieron. Ahora, impulsado por las urnas, se niega a recular. Pero entre la inverosímil (y más inútil) presidencia telemática o la repetición de elecciones, el punto de encuentro posible es (además de algún tejemaneje simbólico) la elección de una persona próxima a Puigdemont que trate de mantener viva su influencia.

¿Empezará entonces la invisibilidad de Puigdemont? Es posible. O todo lo contrario. Siempre queda la elevación. El Movimiento por la Democracia en Europa 2025, fundado por Varoufakis para refundar la UE, ha exhortado a Europa a implicarse en crear las condiciones para que Catalunya (y otras regiones de Europa) pueda celebrar referéndums para la independencia jurídicamente vinculantes. La injusta e interesada cerrazón al diálogo de Rajoy, la intolerable violencia policial del 1-O y la más que cuestionable actuación judicial han generado una corriente muy crítica entre numerosos intelectuales europeos. La deriva autoritaria del gobierno del PP es un argumento más para los que tratan de cambiar la UE. Puigdemont puede hacerse un hueco entre ellos.

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