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ANÁLISIS

¿Qué tapa la rama de olivo de Erdogan?

Ignacio Álvarez-Ossorio

La operación es la respuesta turca, con complicidad rusa, al proyecto de EEUU de establecer una fuerza de 30.000 kurdos en Siria

Erdogan no ha recurrido a la rama de olivo como símbolo de la paz, sino para bautizar a la nueva ofensiva turca contra las milicias kurdas en el norte de Siria. El objetivo declarado de esta operación militar no es otro que expulsar a las Unidades de Protección Popular (YPG) del cantón de Afrin y establecer una zona de seguridad de 30 kilómetros de profundidad en torno a la línea fronteriza.

La Operación Rama de Olivo debe contemplarse también como la respuesta turca al plan de la Administración Trump de establecer una fuerza kurda de 30.000 efectivos para que controle la frontera siria con Turquía. Este proyecto fue visto por Erdogan como una provocación por parte de EEUU, ya que Turquía considera a dicha milicia kurda como un satélite del proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). La posibilidad de que fuerzas kurdas controlen la vasta frontera que separa a ambos países es interpretada como una amenaza para la seguridad nacional turca.

El conflicto sirio está haciendo extraños compañeros de cama. En los últimos meses, Ankara se ha distanciado de Washington y se ha aproximado a Moscú, como prueba el hecho que Turquía se haya garantizado la luz verde rusa antes de lanzar su operación contra las YPG. Y ello a pesar de que la Unión Soviética protegió en su día al Partido de la Unión Democrática (PYD), una formación kurda de orientación marxista que ha aprovechado el vacío de poder existente para implantar una autonomía en Rojava –el Kurdistán sirio– y para establecer su propia milicia armada:  las YPG.

La irrupción en escena del Estado Islámico (EI) y su campaña contra Kobane forjó un extraño matrimonio de conveniencia entre las YPG y EEUU para derribar al pseudocalifato yihadista proclamado en verano del 2014. Esta alianza se fortaleció tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, ya que su promesa electoral de destruir al EI requería de socios locales. En el último año, EEUU ha intensificado su cooperación con las YPG, a las que ha pertrechado de tecnología material avanzada sin ningún rubor. No sólo eso, sino que además ha desplegado a 2.000 militares estadounidenses en Rojava y ha advertido que no abandonarán esta porción del territorio sirio hasta la caída de Bashar el Asad y la derrota definitiva del EI.

Cambio de cromos

La alianza kurdo-estadounidense no es bien vista ni por Turquía ni por Rusia. ¿Qué obtiene Moscú a cambio de apoyar esta ofensiva militar? Además de golpear al principal aliado norteamericano en Siria y, con ello, erosionar la posición de EEUU, Rusia intensifica sus relaciones con Turquía, un actor clave que controla las fronteras con Idlib, el principal reducto rebelde. En los últimos meses, Erdogan ha venido rebajando el tono contra Bashar el Asad en lo que parece ser el primer paso de una negociación por la cual Turquía aceptaría su continuidad en el cargo a cambio de que éste se oponga al establecimiento de un Estado federal en el que la minoría kurda disfrute de una amplia autonomía.

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