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Dos miradas

Leer a Narcís Comadira trae al mismo tiempo desconsuelo, sabiduría y una luz breve «en la incertidumbre tenebrosa del mundo convulso»

Cinco años después del último poemario, este lunes, día de su cumpleaños (cumple 76), Narcís Comadira presenta Manera negra, que es el título del libro y, al mismo tiempo, un procedimiento de grabado que consiste en ennegrecer del todo una plancha y en pulir, después, determinadas zonas de la superficie que no retendrán la tinta. Serán blancas sobre un fondo negro. «Puliendo la plancha», dice Comadira, que también es pintor (no lo olvidemos), «se hace surgir la luz de la tiniebla». La poesía tiene este propósito porque se fundamenta en «la luz del orden y de la confianza en la lengua, que es lo que nos hace humanos».

Te puedes acercar a Comadira de dos maneras. O bien gracias a la iluminación que estalla en el poema, un escalofrío repentino que te dice que «habrá dolores intensos, muertes temidas, / habrá desiertos de amor desconsolado»; o bien tras una lectura atenta que te hace descubrir su mundo elegíaco (también el tuyo), en una operación intelectual y epidérmica. Es el poeta que sabe leer mejor (hacia dentro) el paisaje que viene de fuera. Y que sabe describirlo no solo como escenario del alma sino como generador activo de lo que el alma siente. «Alabar la vida es alabar la alegría», escribe, en un poema pensado en la toscana Lucca. «Con todo, es la tristeza quien nos amamanta». Como ocurre con los buenos, los buenos de verdad, leerlo trae al mismo tiempo desconsuelo, sabiduría y una luz breve «en la incertidumbre tenebrosa del mundo convulso».

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