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LIBERTAD CONDICIONAL

Ligar en tiempos del #MeToo

Lucía Etxebarria

Un columnista indignado de cuyo nombre no quiero acordarme se ha posicionado en contra del #MeToo y en defensa «del flirteo tartamudo, del ligoteo torpe, de la insinuación fracasada y del acercamiento contraproducente (sic)». Y no sé cuántas veces he escuchado ya de boca de varones que «si seguimos así ya no se podrá ligar».

Es por esta razón por la que he decidido escribir este artículo sobre las diferencias entre ligar y acosar.

Para esto te pido, querido varón hetero, que imagines en tu cabeza a Andresito. Dos metros, especialista en artes marciales, aficionado a los bares 'leather'… Y gay, muy gay.

Ahora que lo tienes en mente quiero que imagines las siguientes situaciones:

1. Has conseguido un trabajo que te gusta, en el que te sientes realizado, en el que te pagan bien… Andresito, tu jefe, te toca la rodilla por debajo de la mesa en las comidas de equipo, te espera en los baños, se te insinúa sin parar. Tú le evitas. Y un día, así como quien no quiere la cosa, deja caer que la renovación de tu contrato está al caer y que no le acaba de gustar tu actitud.

2. Imagina que, desesperado porque quieres conservar tu puesto, accedes a pasar una noche con Andresito. Te renuevan el contrato, pero en la oficina ya te llaman «la putita de Andresito» y el resto de los compañeros te evitan en la cafetería y en la fotocopiadora.

3. En esta ocasión no imagines a Andresito como a tu jefe, sino como a un desconocido. Es de noche, es el último metro. En el vagón solo estáis Andresito y tú. Andresito no deja de mirarte insistentemente. Tú desvías la mirada, bajas la cabeza. Andresito sigue clavándote los ojos, y se pasa la lengua por los labios. Llegáis a la parada, salís del vagón. Tenéis que atravesar un largo y desierto túnel que lleva hacia la superficie. Tú sabes que si Andresito te asalta llevas todas las de perder.

4. Esta vez es de día, en un vagón lleno de gente. Tú notas que alguien está rozando su entrepierna contra tu culo. Percibes la erección rozándote. Y le dices a Andresito que deje de hacer eso. Andresito, a gritos, te acusa de ser un histérico. Que todos los machos hetero estáis como una puta cabra. Todo el vagón os mira, se te cae la cara de vergüenza.

Para que entiendas lo que significa «acosar», te pido, querido varón hetero, que imagines estas seis situaciones

5. Quedas con un viejo amigo en el bar en el que os solíais citar de jóvenes. El amigo llega tarde, tú estás solo en la barra. De pronto te das cuenta de que el bar ha cambiado mucho. Ahora solo hay hombres con barba y ¿por qué suena The Village People?  Se acerca Andresito. Pantalones de cuero y un arnés, el torso desnudo: «Te invito a una copa». La rechazas educadamente. Andresito, a grito pelado: «Pero tú ¿quién te has creído que eres, rey?». Dos amigos de Andresito se unen a los gritos: «Di que sí, que este tío es un calientapollas, y no sé lo que se habrá creído, si no tiene medio polvo». Todo el bar te está mirando.

6. Subes en un taxi y el taxista es… Andresito. Es de noche, la calle está desierta. Andresito se pasa todo el trayecto intentando convencerte de que te tomes una copa con él. Llega un semáforo y aprovechas para bajarte. La calle está desierta, Andresito aparca el coche y empieza a perseguirte.

Espero que estos ejemplos (tomados de situaciones que he vivido con Andresitos heteros) muestren que el límite entre acoso y flirteo es claro.

No se puede flirtear en entornos laborales. Es posible que accedan, pero coaccionadas. Y eso no es ligar, es acosar.  Y, además, si acceden, habrás creado un ambiente envenenado que afectará a todo el equipo.

En otros entornos, tanto en bares, como en restaurantes, como en la vía pública, antes de acercarte a una mujer, antes de invitarla a una copa, de ponerle la mano sobre la rodilla por debajo de la mesa, debes mirarla a los ojos. Si no te devuelve la mirada y sonríe abiertamente, es un no. 

El coqueteo acaba cuando empiezas a incomodar a otra persona. El acoso sexual implica intimidación. También se aplica cuando tienes poder y obligas directa o indirectamente a alguien a soportar conductas incómodas por temor a represalias.
Es simple ¿no? Andresito lo entiende muy bien. Porque en la vida real Andresito, Mister Oso Badajoz, nunca ha intimidado a hombre alguno, ni hetero ni gay, con las conductas que describo en el artículo. 
 

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