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Ferran Agüir: "De Yul Brynner aprendí a ser yo mismo"

Podía llegar a la cúspide en cualquier propósito, pero nunca quiso coronar si suponía no ser feliz.

Ferran Agüir (Balones, Alicante, 1947), uno de los organizadores de la Cursa Moritz Sant Antoni de este domingo, podía haberse dedicado al atletismo profesional, o a trabajar para un astro de Hollywood, o fardar de tener una estrella Michelin... Pero, como el protagonista de 'Bartleby, el escribiente', dijo:  "Preferiría no hacerlo". ¿La razón? La encontrarán en su historia.

–De un día para el otro, mi familia pasó de estar bien a la ruina total.

¿Qué ocurrió? Mi padre, encargado de una empresa, paró una máquina de triturar aceitunas que funcionaba mal. Subió a repararla, entró el dueño y, airado al ver la máquina parada, la encendió. Mi padre salió despedido y cayó al suelo. El dueño le creyó muerto e intentó que enterraran su cuerpo, para luego decir que había desaparecido.

Un canalla. Uno de los obreros se negó, lo trasladaron al hospital y sobrevivió, pero quedó inválido. El empresario se desentendió de él. Después de 13 operaciones, murió, joven.

¿Qué edad tenía usted? Cuando ocurrió el accidente tenía 13 años. Un tío me compró un rebaño para que lo llevara. Subía a la montaña y por las noches el veterinario o el maestro del pueblo me daban clases. Recuerdo que leí la novela 'Ama Rosa', donde un personaje era director de hotel, y me dije: "Yo quiero ser eso".

Difícil en su situación. A los 17 vi un anuncio de un cursillo de formación en hostelería en Alicante. Pagaban 40 pesetas por semana. Me apunté y saqué el primer premio de mi promoción –9,75–; pero al ir a recoger el trofeo, se lo entregaron a otro que tenía menor puntuación pero más influencia. Delante de todos, incluido el noticiero, dije que no lo aceptaba.

En esa época, una temeridad. Tuve unos cuantos problemas. Entre tanto, la empresa Carlton me contrató para el hotel de Alicante. En 1966 se alojó Yul Brynner, que estaba rodando 'El regreso de los siete magníficos', con su novia [Jacqueline de Croisset] y su hija adoptiva. Yo era el único que hablaba francés y le asistí durante más de medio año.

 

¿Era agradable? ¡Mucho! Cada vez que entraba en la habitación, y estaba de espaldas, se giraba y me apuntaba con el Colt 45 –hace poco me he comprado uno–, que desenfundaba a todas horas para practicar. Salí con él a pasear a caballo. Me invitaba a todas partes. De él aprendí a ser yo mismo.

¿De qué manera? Él era apreciado por todos, pero también el que decidía. Cuando se marchó yo estaba de baja, pero me dejó una carta en la que me ofrecía empleo cuando quisiera. Pero yo quería ser maître de hotel y lo fui en el Hotel La Peña de Benidorm, antes del 'boom'. Salí en la prensa como el maître de hotel más joven de España. Con 'mentalidad Brynner', montaba a caballo por la avenida del Mediterráneo y, cuando me ofrecieron ser director, dije que no. Me gustaba estar entre clientes.

Era una promoción. Tampoco acepté una oferta de Ruiz Mateos por 5 pesetas de diferencia al negociar el sueldo. 

¿Le veníade 5 pesetas? Las exigía para que supieran cómo era.

Indomable. Y en 1967 quería cambiar de aires y me mudé a Mallorca. Me pidieron un servicio en un hotelito privado de Mallorca, dondeí se alojaron en secreto los Beatles. Hicimos mucha amistad. Incluso nos escapábamos por las noches a las discotecas.

¿Cómo vino a parar a Barcelona? Monté los campeonatos de España de natación de 1978 y salió bien. Al final abrí un restaurante, el Agüir, en Riereta, frecuentado por artistas como Sara Montiel o Eugenio, el cónsul de EEUU, periodistas como Núria Ribó y Elisenda Roca. Y en 1990 monté el que hoy regentan mis hijos –El Racó de l'Agüir–, en la calle de Tamarit.

Antes de ser el territorio de Tíckets, Pakta, Hoja Santa, Cru. Sí.

Los de Michelin le tantearon para obtener una estrella y pasó. Me pedían que hiciera un retoque aquí y otro allá, y a mí no me gusta que nadie me diga lo que tengo que hacer. Me dieron el Plato de Oro y me ofrecieron ir a EEUU a dar clases, pero yo no quería más. Quería ser yo. Vivir feliz.

La familia de Ferran Agüir, su felicidad. / JONATHAN GREVSEN

¿En qué se mide 'su' felicidad? En la familia. Si tienes estrellas Michelin no tienes familia. También en hacer lo que no pude. Cortometrajes, estar en la junta de la oenegé Veí a Veí y organizar la Cursa Moritz Sant Antoni.

¿Corre en ella? No. Empecé a correr a los 18 años y, en la mili, fui campeón de España de 100 metros. Durante 40 años corrí 120 kilómetros por semana. Ahora hago unos 7. 

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