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OPINIÓN

Messi tiene una debilidad

Albert Guasch

No hay alineación de riesgo si en ella figura Leo Messi. Lo elevábamos a categoría casi de axioma. No tenía ayer pesos pesados a su vera en las posiciones de cargar y disparar. Y aun así parecía que iba a bastar en Cornellà. Es la confianza que inspira la superestrella argentina y la súper estructura construida por Ernesto Valverde. Se le vieron dos carreras desbocadas en diagonal que aventuraban lo de siempre: caja fuerte dinamitada y otra victoria para enriquecer la imbatibilidad. Pero Messi, capaz de lo imposible, tiene una rara debilidad. Cuesta de creer que sean los penaltis. La única especialidad del juego en que cualquier futbolista, virtuoso o mediocre, se sentiría con arrojo de plantearle un duelo de cowboys. Lleva tres de seis fallados esta temporada. Y cada año se equivoca en unos cuantos más. Un agujero negro indescifrable. 

"¿Qué es el fútbol?"

Como si le diera vueltas a ese misterio, Messi se ausentó a partir del paradón de Diego López. Se alejó mentalmente de Cornellà y, en cambio, se adentró en el partido con todo su cuerpo el Espanyol. Todo un viraje. Y uno todavía más pequeño que Messi, muy de la casa blanquiazul, se agigantó. Melendo se hizo un nombre. Y tronaron los gritos de "a por ellos". A por los azulgranas. Las gradas pasaron de contener el temor a disfrutar de la euforia. Cosas de este deporte. «¿Qué es el fútbol? ¡El fútbol es inestable!», filosofó Quique Sánchez Flores tras el partido con intencionalidad axiomática. 

Ciertamente, con las cosas del balón nada se puede dar por descontado. Las rachas de imbatibilidad se acaban un día u otro. Los abucheos se transforman en ovaciones. El mejor de la historia se diluye y un humilde extremo se corporiza. Así, sin verlo venir. Los seguidores pericos y los jugadores a los que animaron se sintieron ayer dichosos. Fue su día. Valverde, como toca, le puso calma a la derrota. Tenía que llegar. 

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