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Los trastornos alimentarios

Sobrecogedora imagen del reportaje de 30 minuts L Emma vol viure.

Promover la anorexia en 'prime time'

Najat El Hachmi

La lucha contra la enfermedad empieza en el ámbito familiar y mediático antes que en el sanitario


El pasado domingo '30 minuts' emitió 'L' Emma vol viure', un documental sobre anorexia que tenía que contribuir a concienciar sobre el trastorno. En vez de eso los espectadores pudimos ver un reportaje terriblemente hiriente, sobre todo para quienes han sufrido la enfermedad. Unas imágenes morbosas y con un rasgo característico de las anoréxicas: el exhibicionismo. Que Emma se filmara a sí misma a punto de morir no es casualidad, por algo se prohíben las webs de anorexia y bulimia. Además, el programa contribuye a consolidar una idea extendida: las enfermas son las que llegan al extremo de Emma, eclipsando así el resto del iceberg.

La muerte de la joven ante nuestros ojos no es fruto de la virulencia de la enfermedad sino de una negligencia médica en toda regla. Cuando se encuentra en el peor momento, en vez de internarla en un centro de salud mental y hacerle curas intensivas, la mandan a Portugal a un lugar donde la atienden expertos en «crecimiento personal» en vez de psiquiatras, nutricionistas y médicos. Al final Emma murió porque cuando el cerebro se está consumiendo a sí mismo es imposible tomar decisiones favorables a la recuperación.

Si murió es por la dejadez del personal que la atendió. Los expertos en la materia conocen la importancia de los vínculos afectivos en este tipo de trastornos, insisten en la necesidad de restablecerlos en el proceso terapéutico y a Emma, en cambio, la mandaron lejos de casa con gente que le daba agua con jengibre o limón, remedio conocido por las anoréxicas para perder aún más peso, o que dicen ante la cámara que no querían alimentarla a la fuerza. 

Presión cultural

Es necesario abordar este problema de forma pública, pero no creo que tratándolo así se pueda contribuir a la necesaria reflexión sobre la presión cultural ejercida sobre los cuerpos de la mujeres. La lucha contra la enfermedad no empieza cuando ya se está sondada, a punto de morir, empieza cada día cuando decides prescindir de ciertos alimentos, cuando, sin motivos de salud que los justifiquen, inicias una dieta restrictiva o sometes a tu cuerpo a sesiones extenuantes de ejercicio. No, la anorexia no es Emma decidiendo si morir o vivir, es la madre examinándose las carnes ante los niños, el padre encerrado durante horas en el gimnasio. La anorexia es que ni en la tele pública sea posible ver diversidad de tallas en espacios relevantes o que en la publicidad la delgadez sea una constante.

En la tele no se puede ver la diversidad de tallas de ropa para mujeres mientras que la delgadez es una constante en la publicidad

La voluntad, ese poderoso músculo que se nos puede volver en contra como en a Emma, sirve al comienzo de la enfermedad, cuando decidimos si comemos o no. Allí es cuando nos debatimos entre la vida y la muerte, sin ser conscientes de que nos jugamos mucho más que la estética, nos jugamos la salud. Por desgracia, cuando la cosa está avanzada lo único que se puede decidir es si dejamos que nos cuiden o no. Si hemos llegado al punto de inhibir un mecanismo tan esencial para la supervivivencia como el hambre es que hace tiempo que hemos decidido morir y no vivir.
 

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