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Crónicas de sucesos

Diana Quer.

EFE / LAVANDEIRA JR.

Desaparecidos y secuestrados

Carles Sans

Las personas gordas, feas y avejentadas, en el caso de ser secuestradas, no tienen posibilidad de convertirse en víctimas mediáticas


Llamo con el móvil a mi mujer. No contesta. Vuelvo a llamar. Tampoco lo coge. ¿Le habrá pasado algo malo? ¿Un accidente, un desmayo, un secuestro o un yoquesé? Inmediatamente me pongo a pensar en las posibles fatalidades. Y es que soy un sufridor; o sea, una persona a la que le falta tiempo para preocuparse cuando la realidad no coincide con su imaginario. Con el tiempo he tenido que relativizar esos padecimientos, porque a la postre y por fortuna todas las veces que me he preocupado, al final, el susto ha acabado en nada. No lo digo con decepción, sino con alegría.

No tranquiliza en absoluto saber que en España desaparecen diariamente 38 personas, lo que supone unas 14.000 al año.  La mayoría de estas desapariciones se resuelven a los pocos días; sin embargo, no son pocas las que no se solventan jamás. Hay quien desaparece para siempre. ¿No es terrorífico algo así? Un ser querido a quien no volveremos a ver más sin saber por qué. 

Diana Quer

La magnitud del 'caso Diana Quer' ha servido para que en España se hable del gran número de desapariciones por agresión sexual o por otras violencias; desapariciones que un sufridor las ve posibles, habida cuenta del gran número de individuos que, con apariencia normal, dicen, campan por nuestras vidas. 

Por cierto, el caso de Diana Quer hace que me pregunte qué es lo que propicia que unos secuestros se tornen mediáticos y otros sean ignorados por la opinión pública. Según leo en un informe publicado en 'Diario 16', los medios de comunicación se rigen por el «síndrome de la mujer blanca desaparecida», que es aquel que cumple con el requisito de mujer joven, atractiva, de clase media-alta y blanca.

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Al parecer, estas personas se adaptan a los estereotipos mostrados por la cultura popular en el cine y la literatura; y eso hace que la gente siga la noticia de su desaparición como si de una historia de ficción se tratase. Así que, otra injusticia social más, las personas gordas, feas y avejentadas, en el caso de ser secuestradas, no tienen  ninguna posibilidad de convertirse en víctimas mediáticas