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La hoguera

El boicot a Serrat

Juan Soto Ivars

Nuestra costumbre de mirar directamente a la basura hace que exageremos el tamaño de los vertederos


Joan Manuel Serrat puede estar tranquilo. Quienes exigieron un boicot contra el documental de TV-3 sobre su vida en Poble Sec no eran los 'separatistas' ni los 'indepes', como se apresuró a señalar la prensa, sino el mismo escuadrón que lo llamó facha y' botifler' cuando hizo sus declaraciones sobre el referéndum de cartón piedra.

Y si esos no eran los 'indepes', ¿a quiénes pertenecían los pantallazos de los tuits que difundieron, apresuradamente, quienes denunciaban el boicot? Pues a los miembros de una nación mucho más antigua y reducida que la indepe: la de los gilipollas. Quienes denunciaban esta maniobra estaban poniendo la venda sin que hubiera herida, y estaban recriminando al independentismo un crimen que no había cometido.

El tamaño del vertedero

Internet nos ha enseñado que vivimos rodeados de cabrones y de hijos de perra. Por todas partes hay gente salvaje, insultante y vulgar. Pero nuestra costumbre de mirar directamente a la basura hace que exageremos el tamaño de los vertederos.

Hay que tener cautela con este tipo de escándalos. En tierras polarizadas, un bando reduce al contrario a sus elementos más extremistas. Igual que hay 'indepes' que difunden todo el santo día fotos de neonazis con la bandera de España para deformar al español medio, pasa cuando se difunde a los cuatro mataos que piden un boicot contra Serrat.

Es lo que llamo Linchamiento de Sombras Chinas. Se pone el foco muy cerca de unos pocos tuits minoritarios para que proyecten una sombra gigantesca en la pantalla. Esta distorsión de la realidad sirve para deformar al adversario. Y es una trampa. Para provocar una sombra aterradora y pantagruélica basta la llamita temblorosa de una cerilla.

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Por fortuna, insignes independentistas han salido rápidamente en manada para desmarcarse, al grito de ¡no en nuestro nombre!, y han declarado su amor por Serrat. Así que hago una apuesta mientras escribo: gracias a esta (falsa) polémica, el documental obtendrá una audiencia superior a la del último especial del 1-O. 
 

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