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La clave

El "realismo", a examen

Enric Hernàndez

En la constitución del Parlament, la mayoría independentista debe demostrar si opta por apaciguar el conflicto con el Estado o por exacerbarlo

Las (tardías) llamadas de ERC y el PDECat al "realismo", a las que Carles Puigdemont hace por ahora oídos sordos, están pendientes de contraste. Los primeros pasos que dé este miércoles el Parlament marcarán la tónica de la nueva legislatura: el apaciguamiento del conflicto con el Estado o la exacerbación del mismo. No es un mera disquisición reglamentaria. La constitución de la Cámara somete a examen los verdaderos propósitos de cada partido.

Conviene tener en cuenta que la presidencia, las dos vicepresidencias y las cuatro secretarías de la mesa del Parlament se eligen en tres votaciones separadas, de modo que, con los resultados del 21-D, Ciutadans, Junts per Catalunya y ERC tendrán dos representantes cada una, y el séptimo será para el PSC. Para que así sea, basta con que el independentismo pacte el nombre del presidente (o presidenta) y que cada grupo vote a sus propios candidatos para cada cargo.

Para sellar este reparto, tanto da que voten los 135 electos o que se prive de hacerlo a los cinco de Bruselas y a los tres encarcelados: a JxCat, ERC y la CUP les bastan los 62 escaños restantes para copar las cuatro plazas. La mayoría independentista en la mesa solo peligraría si PSC, Catalunya en Comú-Podem y PP ofrendasen la presidencia a C's, pero los 'comuns' ya lo han descartado.

¿LOS LETRADOS O EL JUEZ?

Aun resultando ocioso, la Mesa de Edad, copada por Esquerra, puede ignorar el criterio de los letrados del Parlament y aceptar el voto delegado de los presos --tal como ha sugerido el juez Pablo Llarena--, e incluso el de los fugados. Puesto que el reglamento no lo permite, la votación sería impugnada y suspendida por el Constitucional, de manera que la Cámara debería escoger de nuevo entre acatar o, en defensa de la mesa 'legítima', desobedecer al alto tribunal. Y vuelta a empezar.

La constitución del Parlament es pues el entrante de la gran disyuntiva que afronta el independentismo: desafiar al Estado mediante una investidura virtual de Puigdemont, a riesgo de perpetuar la tensión y el 155, o nombrar a un 'president' que presida un Govern que gobierne. Esperemos que esta vez corten el cable correcto.

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