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ANÁLISIS

Barça-Madrid, pequeñas grandes diferencias

Sònia Gelmà

Acabada la primera vuelta, y con el permiso de Atlético y Valencia, el Barça tiene encarrilada la séptima de las últimas diez ligas. La hegemonía del equipo de Messi es indiscutible en una década en la que ha dejado escapar tres campeonatos, sin perderle la cara a ninguno de ellos. La digestión del éxito ha sido unos años más pesada que otros, pero han aguantado el tirón.

El Madrid habrá ganado dos ligas en esta década. La primera fue en 2012, con Mourinho, y se celebró por todo lo alto. El curso siguiente, el Madrid era tercero al final de la primera vuelta, 18 puntos por debajo del Barça. Aquella liga fue azulgrana y el Madrid quedó finalmente segundo, a 15 puntos. La situación, después de haber ganado el título el año pasado, es prácticamente calcada después de 19 jornadas, aunque ahora el Madrid es cuarto. Europa vuelve a aparecer como único flotador.

La mejor de las sonrisas

El Madrid ha sobrevivido a la sequía liguera gracias a sus éxitos en Champions -que ya quisieran muchos-, una competición que no necesita regularidad. En la Liga, en cambio, hay que fichar cada día, y poner la mejor de las sonrisas desde primera hora hasta que cierra la oficina.

Se trata de acudir a trabajar cuando hace sol, bajo los focos de un gran partido, pero también cuando llueve, a la hora de la siesta y ante un rival poco glamuroso. Y para eso, hay que tener hambre. Como el que ha tenido el Barça, como el que tiene Messi, que no distingue entre laborables y festivos. Porque cuando suena el despertador, siempre está, insaciable.

Lo que le pasa al Madrid es humano, lo normal. Cuando se cumple un objetivo largamente deseado, uno se sigue levantando a la misma hora pero pasa más rato delante del espejo, y cuando se quiere dar cuenta, ya no llega a tiempo. He ahí el mérito de este Barça, que ganó la primera liga con Guardiola, y quiso la segunda, y la tercera. Persiguió la cuarta, con Tito Vilanova, y llegó Luis Enrique para la quinta y la sexta. Y Valverde no quiere ser menos.

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