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AL CONTRATAQUE

Dos de las últimas portadas de Tiempo e Interviú

Las revistas de mi abuelo

Jordi Évole

De aquel gesto diario de acercarse al quiosco para pagar por el diario o por la 'Interviú, hoy ya no queda ni el quiosco

Mi abuelo no vivía con nosotros. Vivía con mi tía Salud, a una calle de mi casa. Cada día se hacía su paseo hasta la Torre de la Miranda, al final de la avenida de Salvador Allende de Cornellà, y tenía una parada obligada en el quiosco del barrio, que primero fue de Cándido y luego de Pedro. El quiosco hoy está cerrado, claro. Allí recogía 'La Vanguardia' (entre semana 'La Vanguardia', los fines de semana, 'La Vanguardia' y EL PERIÓDICO).

Se la leía de cabo a rabo, mojándose los dedos con la lengua para pasar página y que no se le despistase ninguna. Ya leído, seguía su paseo, que acababa en casa de mis padres. Subía hasta el cuarto piso a pie, básicamente porque no había ascensor. Y yo lo esperaba impaciente para leer las páginas de deportes. Creo que aprendí a leer con los pies de fotos de algún remate de Alan Simonsen o de algún pase de 40 metros de Bernd Schuster o de alguna parada de Urruti. 

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Con premio dentro

Había un día a la semana que 'La Vanguardia' venía con premio dentro. Creo que era los lunes. Las páginas del diario servían para camuflar una revista. Porque a mí siempre me dio la sensación de que aquella revista llegaba de forma clandestina a casa. En su portada, señoras mostrando sus pechos. Imaginen lo que era aquello para un chaval de 10 años. De hecho, mi madre me pilló un día entreteniéndome más de la cuenta con aquellas fotos. No le gustó. Debía ser la influencia de curas carcas que se convirtieron en capadores profesionales de libertades individuales y colectivas de personas que les hicieron demasiado caso.

Pero aquella revista no solo eran tetas. En aquella revista por ejemplo descubrí a un señor bajito, con gafas de pasta grandes, que posaba en el puente de un río con la Torre Eiffel de fondo. El titular era algo así como: 'El primer exiliado de la democracia española'. Era Xavier Vinader, reportero de 'Interviú', con su inseparable fotógrafo Paco Elvira. Mi padre se encargó de explicarme qué era un exiliado y Vinader se convirtió en un mito para mi. Luego tuve la suerte de dedicarme a su oficio, con tanta fortuna que acabé trabajando con él gracias al productor de documentales Joan González. Y de ese curro nació una amistad inquebrantable tanto con él como con gente de su entorno, como David Fernández.

Pagar por la información

Esta semana se ha anunciado el cierre de 'Interviú' (y de 'Tiempo'), ambas pertenecientes al grupo que edita este periódico. Me podría cagar en el editor y en el consejo de administración que ha tomado esa decisión. Pero empezaré haciéndolo por mí mismo. Hacía años que no compraba 'Interviú'. Ni 'Interviú' ni ninguna revista. Nos hemos desacostumbrado a pagar por la información. No discutiré sobre la mala gestión económica que se ha hecho de muchos medios. Pero, como lectores, asumamos nuestra parte de responsabilidad. De aquel gesto que hacía mi abuelo a diario acercándose al quiosco para pagar por el diario o por la 'Interviú, hoy ya no queda ni el quiosco.