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COMUNICACIÓN VIRTUAL

Imagen de Twitter en su aplicación para móviles.

La dictadura de las redes sociales

Juli Capella

Lo que debía ser un foro abierto de comunicación, un espacio libre y democrático, se convierte a menudo en un ámbito hostil, de poscensura y precensura

Me llama el jefe de márketing de un restaurante que hemos diseñado, y me dice que hay que cambiar unas lámparas. Le encantan, pero no dan buena luz para las fotos de la comida en Instagram. Al tener una pantalla dorada, las fotos de los comensales no lucen bien, amarillean los platos.

En otro proyecto de ocio me advierten muy seriamente que deben haber muchos rincones de selfi, donde haya luz suficiente y un fondo adecuado para incitar a la gente a autoretratarse. Luego suben sus fotos a las redes y reciben muchos 'likes'. También proponen que en la entrada haya un muro que haga las funciones de 'photocall', pensando en que salga siempre su icónico logotipo detrás de las fotos, que se subirán a las nubes virtuales para que millones de personas puedan visualizarlas y compartirlas. 

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A nadie le importa si la luz dorada de la lámpara hace más guapa a la gente 'in situ', justo cuando están allí cenando y charlando con sus acompañantes, en una atmósfera especial y sutil, con el brillo dorado en sus ojos. Solo importa las fotos que tomen y otros verán. No cuenta la experiencia sino contarla dejando rastro.

Adiós a la vivencia real

Como aquel que hizo un largo peregrinaje para ir a ver al Papa a Roma, pero cuando lo tuvo delante puso la cámara en medio para sacarle fotos y jamás llegó a mirarle a los ojos directamente. Se perdió la vivencia real para poder almacenar el sucedáneo. ¿Estuvo allí realmente? ¿No podría estar viendo las mismas fotos de cualquier otra persona?

Ciertamente estamos ante un dictadura de las redes, como cierteramente ha explicado Eduardo Soto Ivars. Lo que debía ser un foro abierto de comunicación, un espacio libre y democrático, se convierte a menudo en un ámbito hostil, de poscensura y podríamos añadir que de precensura. Facebook, Twiter, pero especialmente en el mundo creativo Instagram o incluso Pinterest son extraordinarias herramientas mal utilizadas. No hay que escandalizarse, tan solo aprender a utilizarlas con sentido, como ya nos tocó hacer en su día con la electricidad o la televisión. 

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