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GEOMETRÍA VARIABLE

Apuesta por una reforma de pasos medidos y concretos

Joan Tapia

Me ha extrañado el poco relieve que han tenido las comparecencias -de los tres ponentes todavía vivos, José Pedro Perez Llorca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, entonces de UCD, y Miquel Roca, de CDC- en la comisión del Congreso que estudia la posible reforma de la Constitución del 78. Sorprende porque España sufre una grave crisis y los tres han dado inteligentes avisos a los partidos actuales.

El primero es el de Miquel Roca al catalanismo, que en buena parte ha abrazado el secesionismo. La Constitución no solo tuvo un amplio consenso, sino que, con una participación del 67,9% -la mayor en un referéndum en Cataluña-, fue aprobada por el 91% de catalanes. Con ella Catalunya ha vivido -más bien que mal- y por eso conviene ser precavido al querer cambiarla. ¿Es sensato exigirlo con apoyos muy inferiores? Roca no lo explicitó, pero el mensaje está ahí: es un error creer tener un mandato democrático con el 47% del voto porque puede salir el tiro por la culata.

Advirtió también a los partidos españoles que el equilibrio político se empezó a tambalear con la sentencia del Constitucional del 2010. No porque revisara un Estatut -que podía hacerlo-, sino porque fue tras un referéndum de aprobación celebrado cuatro años antes. Hoy el modelo territorial está agotado y -mensaje a Mariano Rajoy- necesita cambios. Pero la Constitución debe respetarse en su integridad, no hay vías al margen y el derecho a decidir es solo el de votar en elecciones libres. Mensaje final: hay que respetar los sentimientos, pero los sentimientos se reclaman dentro de la ley.

El segundo gran aviso es el de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, que transitó de UCD a AP y se apartó de ese partido en la etapa de Aznar, premio Blanquerna de la Generalitat (a españoles que entienden Catalunya), y miembro permanente del Consejo de Estado. Herrero dio consejos a toda la clase política. A Rajoy, que tiene miedo reverencial a cualquier cambio, al PSOE que preconiza la reforma federal de la Constitución, a Podemos que propone abrir un proceso constituyente, y a los secesionistas, que han apostado por romper un Estado.

Herrero parte de que la reforma de la Constitución -si se acuerda- es posible y deseable pero que no se puede hacer sin un gran consenso y solo si la reforma es concreta, si se sabe qué se quiere reformar y para qué. Pero sin una reforma explícita se pueden lograr mutaciones constitucionales, manteniendo el texto, pero interpretándolo de forma diferente a través de pactos muy amplios concretados en nuevas leyes orgánicas, lo que evitaría complicados procesos de reforma formal. ¿Piensa Herrero que estas leyes mutantes podrían actuar operativamente como las famosas enmiendas de la Constitución americana?

Respecto al federalismo, sostiene que no es un modelo claro, que en España sería más caro si todas las autonomías se convierten en estados federados, y que, como es polémico y divisivo, complicaría alcanzar un amplio consenso. Mejor ahorrarse pues la discusión doctrinal formal y, supongo que pensando básicamente en Catalunya, aboga por un modelo autonómico mejorado, al que se podría llegar a través de las leyes orgánicas porque la Constitución ya admite la asimetría de las comunidades autónomas porque "el cuerpo de España es asimétrico". ¿Quiere decir plurinacional? Late la idea de que es más operativo resolver problemas negociando leyes orgánicas concretas que abriendo grandes debates políticos e ideológicos que pueden enconar posiciones e impedir útiles pactos.

Herrero envía también un duro recado a los secesionistas: "No se puede negociar el retorno de nadie a la legalidad. Hay que forzar la vuelta a la ley y una vez en ella es cuando se puede negociar su mejora". Es como actuará siempre un Estado constitucional que no sea derrotado. Y es también el implícito consejo que se destila de la posición de los principales gobiernos europeos.

Tanto Herrero con sus mutaciones como Roca hablando de la revolución de las pequeñas cosas subrayan el carácter abierto y flexible de la Constitución, contrario a la estrecha rigidez, tan cara a Aznar que en su momento no la votó. Y ambos subrayaron la necesidad de cambiar el Senado para convertirlo en una cámara territorial operativa y que deje de ser una de segunda lectura y en parte superflua.

Herrero no cree positivo abandonar la provincia como distrito electoral. Tiene argumentos, pero en todas las grandes democracias hay circunscripciones electorales de un diputado, que ayudan a reducir la gran brecha entre población y clase política que impera hoy en España.

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