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EDITORIAL

El horizonte de Ada Colau

El resultado del 21-D, las alianzas y la gestión municipal pueden complicar la reelección de la alcaldesa en las municipales del 2019

Ada Colau cree que lo lógico es que quién opte a presidir de la Generalitat esté en Catalunya.

Ada Colau cree que lo lógico es que quién opte a presidir de la Generalitat esté en Catalunya. / Martí Fradera (Archivo)

Al reeditar la mayoría independentista y convertir a Ciutadans en el primer partido de Catalunya, las urnas confirmaron el 21-D una extrema polarización política que castiga a las fuerzas cuyo empeño en pos de la transversalidad es percibida como ambigüedad o tibieza. Catalunya en Comú perdió tres escaños respecto al resultado de su antecedente del 2015, Catalunya Sí que es Pot, pese a contar esta vez con el apoyo de Ada Colau. Aunque la alcaldesa trató de resguardarse con una medida presencia en campaña, el pésimo resultado podría tener un efecto contagio sobre las municipales de dentro de año y medio, en las que aspira a un segundo mandato. Para evitarlo, el equipo de Colau confía en una estrategia centrada en la ciudad, con un descenso al terreno, pisando las calles y los barrios que dieron la victoria a la alcaldesa en mayo del 2015 solo por 17.000 votos.

Colau y sus colaboradores deberán emplearse a fondo si quieren reeditar la victoria, porque en su horizonte se divisan nubarrones. Por una parte, la última encuesta del barómetro elaborado por el ayuntamiento otorga una leve ventaja electoral a ERC; por la otra, ciertos aspectos de la gestión municipal y la política de alianzas de Barcelona en Comú pueden pasarle factura.

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La ruptura del pacto con el PSC, ajena a la gobernanza de la ciudad, se leyó como un alineamiento con el frente independentista, además de fragilizar al equipo de gobierno, con solo 11 concejales sobre 41. En el capítulo de la gestión pesa el recelo municipal ante el negocio turístico, diezmado en otoño por la tensión del 1-O y sus derivadas, y la hostilidad del sector comercial por asuntos como las terrazas, felizmente resuelto. Además, las limitaciones del Ayuntamiento para resolver los problemas de la vivienda —escasez de oferta, alza de precios, gentrificación...— impacta particularmente sobre la imagen de la alcaldesa, que labró su liderazgo en el activismo contra la especulación inmobiliaria.

Los rectores municipales confían en que la polarización identitaria se haya diluido en mayo del 2019 y las municipales se sustancien, como es habitual, en clave de ciudad. Lo primero es, como poco, una incógnita, y para lo segundo será decisiva la gestión de los meses venideros. Fiarlo todo al indudable carisma de Colau es arriesgado: la oposición aún no ha dicho la última palabra.

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