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ANÁLISIS

Pederastas sin fronteras

Luis Mauri

Habrá que ver en qué acaba la investigación judicial en Chile. En España, de los 12 docentes denunciados, tres de ellos confesos, solo uno acabará sentado en el banquillo de los acusados

Habrá que repetirlo dos, diez, cien veces. Un millar. ¿De qué estamos hablando? De niños sometidos a abusos sexuales por sus profesores. Niños manoseados, atemorizados, amenazados, traumatizados, abusados, culpabilizados, violados. De esto estamos hablando. De niños de infancia robada y madurez ensombrecida. De niños inermes devorados por los maestros a cuyo magisterio fueron encomendados. No es que el lobo se colara en el corral de las ovejas, es que estas llevaban sin saberlo a sus corderitos a la lobera.

La Congregación de los Hermanos Maristas, originaria de Francia, es una organización multinacional cuya misión fundacional es la educación. Dispone de colegios en 79 países de todo el mundo. Tras el escándalo de pederastia en tres de sus escuelas en Barcelona y Badalona, ahora los abusos sexuales de menores sacuden los cimientos de los colegios maristas en Chile. En el país del Cono Sur hay al menos siete hermanos acusados por más de 30 exalumnos de cinco centros educativos. Cuatro de los docentes investigados en Chile fueron reclutados en su día en España por la congregación.

Una exhaustiva investigación de EL PERIÓDICO reveló en el 2016 una realidad escalofriante: más de 40 niños de 7 a 16 años de edad fueron sometidos a violaciones, felaciones y masturbaciones por parte de 12 profesores y un monitor en Barcelona y Badalona. Los crímenes fueron cometidos a lo largo de tres décadas. Durante 30 años, los depredadores actuaron a placer, con total impunidad, protegidos por el manto de silencio, tan espeso como abominable, que imponían los colegios y la congregación religiosa a la que pertenecían.

El mismo procedimiento

El procedimiento era siempre el mismo, con ligeras variaciones. Cuando algún alumno lograba vencer el miedo, la vergüenza, el asco y la humillación, y alertaba a sus padres de que estaba siendo víctima de abusos sexuales por parte de un hermano o un profesor del colegio, la dirección del centro, es de suponer con el aval de sus superiores en la congregación, trataba de disuadir a los padres de la idea de denunciar el caso. En algunas ocasiones, los padres recibían presiones e incluso amenazas. El colegio, en contrapartida, se comprometía a apartar al depredador de las tareas docentes directas o trasladarlo a otro centro educativo de la hermandad. Un colegio nuevo, a cuya llegada el lobo sería recompensado con un nuevo rebaño de corderitos.  

Habrá que ver en qué acaba la investigación judicial en Chile. En España, de los 12 docentes denunciados, tres de ellos confesos, solo uno, Joaquim Benítez, acabará sentado en el banquillo de los acusados. Los demás ni siquiera han sido investigados porque sus delitos han prescrito por el paso del tiempo. Eso en cuanto a los depredadores. En cuanto a la organización bajo cuyo amparo destruían infancias, sigue recibiendo subvenciones de la Generalitat. La oposición no parece muy alarmada al respecto. Todos, Gobierno y oposición, deben de tener asuntos de mayor hondura de los que ocuparse. Cómo no.

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