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LIBERTAD CONDICIONAL

'El Chicle', los arandinos, La Manada y nuestro silencio cómplice

EFE / LAVANDEIRA JR.

'El Chicle', los arandinos, La Manada y nuestro silencio cómplice

Lucía Etxebarria

Una chica denuncia que el novio de su hermana le ha puesto una navaja en el cuello, la ha obligado a meterse en el maletero de un coche, la ha llevado a un descampado y la ha violado. Nadie la cree. Hay semen de él en la ropa y el cuerpo de ella, pero, como no se ha  resistido, es su palabra contra la suya. La hermana (la novia del presunto) dice que la chica se lo ha inventado todo por celos. Que tuvo un lío con el chico para quitárselo,  y «perdona» al novio que se ha acostado con su hermana. Y lo mismo dicen todos los familiares. El caso ni siquiera llega a juicio.

Hay otra chica que también denunció a este individuo por agresión, y a la que nadie creyó. Y seguro que hay más chicas a las que agredió que ni siquiera se atrevieron a denunciar, porque sabían que no las creerían.

Una de sus víctimas sí que se resistió. No se quedó quieta como las otras. Él la estranguló y tiró su cuerpo al pozo.

Sí, hablo del 'Chicle'.

La chica a la que violaron en San Fermín no se resistió. Estaba en manos de cuatro hombres. Sabía lo que le podía pasar si se negaba. Y, como no se resistió, muchos no la creen.

A mi amiga la abogada catalana Eva Cornudella un desconocido la interceptó a punta de navaja. La obligó a ir a un cajero para sacar todo el dinero que el límite de la tarjeta permitía. Ella no se resistió. Cuando interpuso la denuncia, la policía la felicitó por su actitud. Como no se resistió, los policías juzgaron que mi amiga había sido sensata. Creyeron a mi amiga. Porque se trataba de un robo. Si se llega a tratar de una violación, no la habrían creído.

Hace 13 años ya un hombre me violó a punta de navaja en una playa, en Marruecos. Por supuesto que había semen en mi falda y entre mis piernas. La policía encontró a ese hombre. No le pasó nada. Nadie me creyó a mí. Y eso que intervino el consulado español. Alguien en el consulado me dijo que yo tenía suerte porque «solo» me había violado, y no me había matado. Que podía considerarme afortunada.

Vivimos en una sociedad que convierte a las víctimas en culpables y que normaliza la violencia sexual

Cuando lo cuento, la gente me dice que no me exponga tanto. Que esto lo puede leer mi hija. O mi familia. O mis amigos. Mi hija, mi familia y mis amigos lo saben. En cuanto a lo que opinen los desconocidos, les respondo: «¿Debo avergonzarme de haber sido violada?, ¿es algo que deba ocultar?». Y me dicen: «No, mujer, pero es algo muy íntimo…».

Íntimas son las relaciones amorosas, las vacaciones, los momentos en familia, y la gente los expone cada día en redes sociales, en programas de televisión, en entrevistas. Lo que me pasó a mí no fue íntimo. Yo no quería a ese hombre en mi esfera privada ni en mi vida. Fue un asunto público, un problema social. Y yo quiero que se sepa porque estoy harta de que a las mujeres nadie nos crea. Y de qué tantas mujeres consideren que no se puede hablar de eso.

En España se denuncia una violación cada siete horas. Pero por cada violación que se denuncia hay muchas que no se denuncian. Porque la violada lee en los medios o ve en la tele las informaciones de casos como el de La Manada o el de Diana Quer o el de los futbolistas de Aranda y sospecha que no la van a creer. Porque el violador, en su caso, fue un familiar (como en el caso de la cuñada del 'Chicle'), un conocido, un compañero de clase, un grupo de amigos. Y no lo cuenta, y lo calla durante años porque cree que no le creerán o porque le dicen que es «algo demasiado íntimo» o porque se siente indigna, sucia, terriblemente mal al respecto. Y así nos hemos ido creyendo que la violación es un problema residual, raro, que les sucede a poquísimas mujeres. Cuando lo cierto es que es el pan nuestro de cada día.

Vivimos en una sociedad que convierte a las víctimas en culpables. Una sociedad que normaliza la violencia sexual (basta con ver un poco de porno o '50 sombras de Grey' para entender lo que digo). Una sociedad que no ofrece educación sexual en las aulas pero que promueve la alternativa de la pornografía 'mainstream' violenta como única escuela de aprendizaje. Una sociedad que ampara el silencio, en la que ni siquiera la familia cree a la víctima. Una sociedad que considera que las mujeres provocan la agresión sexual. Una sociedad que cree de verdad que una mujer que no se mueve durante todo el tiempo que dura una relación sexual, está disfrutando. Y por eso ven el vídeo de la agresión de La Manada y se atreven a decir que no ven una violación.

Una sociedad que arropa en la impunidad a quienes agreden.

Vivimos en una sociedad en la que el silencio nos hace cómplices de este sadismo.