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AL CONTADO

La persistente oscuridad del recibo de la luz

Agustí Sala

Mientras que en otros países limitan los efectos del sistema marginalista de fijación de precios, en España han optado por que nos resignemos a invocar al Dios de la lluvia

Que si la falta de lluvia que si no sopla viento... Los motivos por los que sube el recibo de la luz de los 11,4 millones de usuarios con la antigua tarifa regulada, hoy PVPC, son muchos y, sobre todo, aleatorios. Es verdad que el Gobierno congela para el 2018 la parte regulada del recibo. Será el cuarto año consecutivo que lo hace, pero en el 2015 y el 2016, por ejemplo, el 40% o 50%  restante de la factura, que está sujeta a 24 precios mayoristas distintos al día, se disparó igualmente. Un sinsentido para un servicio esencial.

La defensa del ministro de Energía, Álvaro Nadal, es que los factores que encarecen el recibo dependen del destino o la fatalidad, no del Gobierno. Como con el sistema de subastas trimestrales que este mismo Ejecutivo liquidó para evitar 'tarifazos'. Así nació el modelo actual, que adolece de los mismos males: imprevisibilidadopacidad... 

No es raro que España sea de los países europeos con el recibo más caro. En paridad de poder de compra, es más caro para los hogares que la media europea e incluso que para los daneses, con un nivel de vida mucho más alto, y donde dos tercios del precio que pagan son impuestos, mientras que aquí es el 21%. En España el 79% de la factura son costes y cargos oscuros y ocultos en el recibo

Y además el de generación eléctrica sigue siendo umercado oligopolístico y marginalista, en el que la última tecnología en aportar electricidad fija el precio del conjunto cada hora. Así, cuando no hay agua por la sequía o falta viento (las tecnologías más baratas al tener costes variables, como el combustible, más bajos) o cuando las compañías llevan a cabo operativas cuestionadas por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), las centrales de gas o carbón, las más caras, marcan la pauta.

Son reglas de mercado de competencia perfecta pero este no lo es. Los pocos productores que hay pueden ofertar producción nuclear o renovable a cero euros porque al final cobrarán el precio de las centrales más caras. Y además hay otros elementos de distorsión como las restricciones técnicas, con las que, si hay necesidad del sistema, las compañías pueden ofertar sin límite de precio; o los pagos a las eléctricas por tener listas centrales por si falla el viento. 

Nadal asegura que el modelo es igual en toda Europa. Cierto, pero con límites en las reglas establecidas para amortiguar los vaivenes provocados por el destino. Así, aunque suban los costes, en Francia los hogares lo notan menos en la factura. En cambio aquí el Gobierno ha optado por que nos resignemos a invocar al Dios de la lluvia.

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