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INDULTO POLÉMICO

Manifestantes protestan en Lima la decisión del presidente Pedro Pablo Kuczynski de indultar al exmandatario Alberto Fujimori.

AP / MARTÍN MEJÍA

Perú bajo la sombra de la corrupción y la impunidad

Salvador Martí Puig

El actual presidente de la República del Perú, el empresario liberal Pedro Pablo Kuczynski (PPK), se salvó de ser destituido por el Congreso el pasado día 21 de diciembre después de una larga sesión debido a que la oposición –liderada por el fujimorismo- no quiso sumar, a pesar de las amenazas, los 87 votos necesarios para ello.

La acusación que pesaba sobre PPK no era muy diferente de la que planea sobre la cabeza de muchos otros mandatarios latinoamericanos: una opaca vinculación con la gran empresa de infraestructuras brasileña Odebrecht, que ha obtenido concesiones en toda la región otorgando comisiones y sembrando corrupción.

La votación en el Congreso no ha desmentido que PPK hubiera realizado contratos desde 2004 hasta 2013 con Odebrecht con las firmas  Westfield y First Capital, simplemente ha supuesto que no se le va a juzgar políticamente por dichas actuaciones. Con ello PPK ha conseguido mantenerse en el poder, sin embargo el costo que ha pagado puede comprometer el resto de su mandato.

Todo indica que PPK ha pagado un alto precio por su supervivencia política, y éste ha sido –ni más ni menos- que otorgar un “indulto” (que califica de humanitario) a Alberto Fujimori, haciendo uso de las prerrogativas que la Constitución da al presidente de la República. Fujimori llevaba 12 años encarcelado cumpliendo una sentencia de 25 años de prisión por dos matanzas, y por las acusaciones (junto con su operador Montesinos) de compra de congresistas, magistrados, periodistas, militares y periódicos, así como las de extorsionar y espiar a opositores. Con dicho indulto PKK ha pagado el favor a los fujimoristas, que son mayoría en el Congreso, por no haberle depuesto.

Credibilidad mermada

La cuestión hoy estriba en cómo esta decisión puede afectar a PKK y a su Gobierno, pues éste ganó las elecciones bajo la bandera del anti-fujimorismo. En este sentido, la credibilidad de PPK ha quedado mermada por partida doble ya que a las sospechas de corrupción vinculadas al 'affaire' Odebrecht se le suma ahora la acusación de haber otorgado impunidad a Fujimori, quien (habiendo reconocido algún error). nunca ha pedido disculpas por sus acciones. De entrada, en Lima y en todas las grandes ciudades del Perú han salido a la calle miles de personas protestando por la concesión del indulto a Fujimori y reclamando la renuncia del actual presidente; a la par que tres miembros de la bancada oficialista ya han renunciado de sus escaños.

Pero tampoco reina la fiesta al interior del fujimorismo, pues el indulto ha enfrentado a sus dos progenitores -Kenji  y Keiko-, ambos con aspiraciones políticas. Kenji ha sido el muñidor del pacto con PPK y parece el gran beneficiado del retorno de su padre, mientras que Keiko (excandidata a la presidencia de la República) prefería ser la abanderada del fujimorismo y sacar rédito del hecho que su padre estuviera en la cárcel. Así las cosas, a día de hoy no hay garantías de que PPK pueda finalizar su mandato, aunque tampoco se vislumbra ninguna alternativa consistente.