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AL CONTRATAQUE

Lo difícil es que haya alguien en Génova que se tome la molestia de barajar un cambio de estrategia en Catalunya

La disciplina interna en los partidos tiene muchas ventajas para sus dirigentes. Muchísimas. Por ejemplo, resulta que tú mandas, te implicas en una campaña autonómica para evitar una debacle de tu candidato, la debacle se produce incluso en peores términos de lo esperado, y al final, milagro: no pasa nada, nadie dice nada y todos secundan el argumentario, por muy estrafalario que este sea. Es lo que ha ocurrido en el PP de Mariano Rajoy tras las elecciones en Catalunya.

El líder del partido y sus subordinados presumieron durante toda la campaña de los resultados de la aplicación del artículo 155. Pero lo hicieron de una manera casi obscena. Hemos decapitado a los independentistas, gracias a nosotros hay normalidad en Catalunya, es este Gobierno el que ha conseguido parar la deriva independentista… Sin embargo, el PP cayó hasta el subsuelo. Rajoy se instaló allí prácticamente durante una semana porque, según nos decían, si no estaba él el candidato Xavier García Albiol no conseguía hacerse un sitio en las crónicas de los medios de comunicación. Por lo tanto, ahora es difícil saber cómo de repartido entre ambos está el fracaso electoral

Para terminar, una vez que se hicieron públicos los resultados, los dirigentes del PP salieron en tromba para culpar a Ciudadanos de una estrategia "desleal", que consistió en apelar al voto útil para la candidata que más cerca estaba de imponerse a los independentistas. Todos exhibieron este discurso, salvo dos personas. Dos personas libres. Una de ellas es Alberto Núñez Feijóo. Su mayoría absoluta en Galicia y la autoridad moral que internamente le reconocen le permitió decir que no se puede culpar a otros partidos del resultado y que, en su opinión, Inés Arrimadas era "una excelente candidata".

Albiol, la presa fácil

El otro verso suelto ha sido el defenestrado exministro de Exteriores García-Margallo. Sostiene que el PP lo hizo mal y, lo que es más importante, que en Génova harían bien en asumir alguna responsabilidad para evitar que el agua alcance el cuello de Rajoy. Margallo estaba apuntando, entre otros, a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, ministra para Catalunya, con la que tiene una pésima relación. Es verdad que ella, curiosamente, ha desaparecido de la foto de la derrota, sí. Darse a la fuga el día siguiente no soluciona los problemas.

Y en el PP, al menos, sí hablan ampliamente en privado. Y lo que dicen es que Albiol es la presa fácil. Lo difícil es que haya alguien en Génova que se tome la molestia de barajar un cambio de estrategia en Catalunya. Lo de primero, la ley; segundo, la ley; y tercero, la ley es interesante para combatir a los políticos. Pero parece evidente que los que votan esperan algo más. 

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