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Al contrataque

Bon Nadal, Oriol

Jordi Évole

Me gustaría que Junqueras no estuviese en la cárcel. Lo he dicho desde el primer día que entró en Estremera

Oriol Junqueras sabe que nunca le he votado, incluso podría decirle que seguramente nunca le votaré. También le confieso que nunca me he puesto el lazo amarillo que luce mucha gente en Catalunya para mostrar su rechazo al encarcelamiento del vicepresidente catalán, los consellersJordi Sànchez y Jordi Cuixart. No lo luzco porque en realidad tendría que llevar ese lazo siempre, no solo ahora: creo que siempre ha habido, hay y habrá personas injustamente encarceladas.

No comulgo con muchas de las decisiones tomadas por Oriol Junqueras como vicepresidente de la Generalitat. Algún día habrá que hacer la película de lo que sucedió en el Palau de la Generalitat los días 25 y 26 de octubre del 2017. ¿Por qué se tiró hacia delante la DUI, una decisión que en petit comité varios líderes independentistas, de todos los partidos, no compartían? ¿Serviría de algo que alguno de estos líderes reconociese el error ante los suyos, ahora que tras el 21-D han visto que mantienen un enorme aval de credibilidad entre gran parte de la ciudadanía catalana? ¿Estarán dispuestos a perder una pequeña parte de ese aval en beneficio de todos?

Pero hoy no es día de reproches. Conozco a Junqueras desde hace años. Ha sido el alcalde del pueblo vecino al mío. No es que nos hayamos visto mucho, pero tuvimos la suerte de compartir un par de días en Sevilla cuando él aceptó grabar allí un programa con la familia de Eugenia Parejo. Recuerdo de aquel programa los comentarios del día siguiente, la satisfacción general por haber presenciado el diálogo civilizado entre posiciones tan enfrentadas como las que tenían algunos miembros de los Parejo Junqueras.

De aquel Salvados surgió la amistad entre Oriol Eugenia, la abuela de la familia. Se han visto en varias ocasiones, incluso el 1 de octubre. Flipó con aquella movilización ciudadana, con el entusiasmo de la gente que lo organizaba, le dolieron como si se las hubiesen dado a ella las hostias de la policía, y eso no quita que sin estar empadronada en Catalunya podría haber votado en cinco colegios en los que la informática falló.

Eugenia me llamó anteayer para felicitarme las fiestas y hablamos de Oriol. «Aunque te suene a disparate, creo que ahora podría ser clave para aparcar momentáneamente la independencia, y pegar los cachitos que han quedado después del choque».

A mí me gustaría que Oriol Junqueras no estuviese en la cárcel. Lo he dicho desde el primer día que entró en Estremera. Creo que está preso de forma injusta. Su prisión provisional (y la de sus compañeros, tan injusta como la suya) es una pésima noticia para España. Y estoy de acuerdo con Eugenia: en este momento, en el que los resultados electorales han dejado un panorama peor del que teníamos para iniciar una etapa de diálogo, Oriol Junqueras podría jugar un papel fundamental. Ojalá que pronto lo podamos comprobar. De momento, Bon Nadal, Oriol
 

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