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Al contrataque

Todo esto es lo que somos

Najat El Hachmi

Nuestro gran patrimonio es que sabemos respetarnos independientemente de las preferencias ideológicas de cada cual


A primera hora y aún medio dormidos, nos presentamos en el colegio electoral que nos tocaba. Vocales, presidentes y suplentes preparados para la fiesta de la democracia. Son las ocho de la mañana. Saldremos de aquí pasadas las diez de la noche. La encargada de velar por el buen funcionamiento de la jornada pasa lista. Estamos todos. Los suplentes pueden irse. Un hombre que ha venido con uniforme de trabajo se queja de que ha estado trabajando toda la noche y aún le quedan horas por hacer. Suda y se lamenta con desesperación. Ni dos segundos ha tardado un chico en ofrecerse para sustituirle. Su madre es quien, horas más tarde, cuando parecía que llevábamos una eternidad atendiendo a los votantes, llegó con un táper gigante lleno de magdalenas caseras que fue repartiendo entre los miembros de las tres mesas. Las madres táper son una figura universal, no hay rincón en el mundo en el que no haya una.

Constituidas las mesas, entraron apoderados e interventores de distintos partidos. De algunas formaciones pareció que había muchísimos; de otras, uno o dos. Se les pidió que dejaran espacio para que los ciudadanos pudieran entrar a votar. La estética de algunos de ellos llamaba la atención por el grado de uniformidad. Casi se podía adivinar a qué partido representaban, sobre todo en el caso de ERC y Ciutadans. Era raro ver tanta homogeneidad en el corte de pelo y la indumentaria, aunque puede que sea una simple percepción mía. Un chico que llevaba esta combinación extraña tan de moda de chaleco acolchado y americana me desconcertó, porque es un conjunto que le hemos visto tanto a Rajoy como a Gabriel Rufián. De hecho, muchos representantes de Ciutadans llevaban un peinado clavadito al del diputado de ERC.

Nuestro gran patrimonio

Al abrir el colegio, los votantes entraron con gran entusiasmo a ejercer su derecho. De buena mañana la afluencia fue intensa. Solo bajó algo a media tarde, pero poco. Personas de todo tipo y condición, de edades dispares, el que votaba por primera vez, el que lo hacía con las dificultades que le acarreaba su edad avanzada, familias que venían juntas, otras cuyos miembros llegaban a horas distintas, padres, madres, una de ellas de gemelos, tan agobiada que se había dejado el voto, matrimonios cansados de aguantarse, otros bien avenidos, por lo menos ante la mesa. Una chica entró a las ocho en punto de la tarde, jadeando porque había tenido que correr. Y en todos los distintos rostros, los apellidos que cuentan la historia remota de nuestros orígenes variados, en todos un entusiasmo innegable. Lo más destacado de la jornada: una convivencia pacífica, sin ningún tipo de incidente. Es nuestro gran patrimonio: que lado a lado sabemos respetarnos, independientemente de las preferencias ideológicas de cada cual.

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