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TRAS EL 21-D

Metaelecciones y metarresultados electorales

Javier Aroca

Catalunya no se mueve de sus posiciones pero mueve a España o le dice que se mueva, ojalá en la vieja tradición de los grandes regeneracionistas catalanes

Los catalanes han hablado, un clásico tras unas elecciones, aunque, en este caso, adquiere la expresión un significado especial. Han hablado y mucho por lo que, primero, habrá que escucharlos y, segundo, desaparece la salmodia de la mayoría silenciosa. La interpretación de los resultados excede lo catalán. Paradójicamente, estas elecciones han sido, por sus consecuencias, muy españolas.

Un primer vistazo dice que la derecha de las dos orillas ha ganado las elecciones, pero sería un análisis simplista, no porque no sea verdad sino por incompleto, si no añadimos, a continuación, que el eje izquierda-derecha, a pesar de los vaticinios de algunos, entre los que me encuentro, ha sido superado y la cuestión nacional ha prevalecido sobre cualquiera otra. Estas elecciones suponían dos peligros para el establishment: uno, que ganara el independentismo; otro, que ganara la izquierda. El objetivo ha sido cumplido en parte, la izquierda, ciertamente, ha acabado destrozada.

Queda mucho por interpretar pero, de momento, me quedo con que el Estado, no solo el Gobierno, ha fracasado. También el criptogobierno, ese que anida en lugares oscuros del poder, en donde, como decía Bobbio, sin luz y trasparencia, no hay democracia. Ha fracasado el Gobierno y sus aliados del artículo 155, el de la Constitución, pero también el 155 económico, el mediático, el del miedo, el de los voluntariosos. Pero, sobre todo, ha fracasado la política, la estatura media de los políticos requeridos para tan elevada responsabilidad no ha crecido ya que siguen acostados, en una mala interpretación de la noticia de Caballero Bonald. Los resultados alumbran, eso sí, creo, el fin de los unilateralismos. Catalunya se muestra como un país plural en el que los datos nos llevan a tener que dialogar, una vuelta al principio.

La minoría absoluta del PP

Todos los partidos estatales quedan tocados, habrá consecuencias orgánicas y la política española va a quedar afectada. Ciudadanos seguirá de primer partido de la oposición, aprieta al PP y cumple a medias, frenando a la izquierda; los socialistas no podrán ayudar al pedrismo a sacar pecho. Podemos seguirá en su encrucijada infantil y al PP le han cambiado la sede social a Madrid, después de su transfusión de sangre azul a los de Rivera.

Catalunya se muestra como un país plural en el que los datos nos llevan a tener que dialogar, una vuelta al principio

Cuando escribo estas líneas, en el PP no se habla. Nadie ha dimitido, su minoría absoluta en Catalunya, su minoría, hasta en el grupo mixto del Parlament, no provoca la sana disposición a la autocrítica. Ni Rajoy ni Sáenz de Santamaría, gobernadora de Catalunya, ex155, delegada por Rajoy, piensan asumir ninguna responsabilidad tras el enorme destrozo causado al Estado.

Catalunya no se mueve de sus posiciones pero mueve a España o le dice que se mueva, ojalá en la vieja tradición de los grandes regeneracionistas catalanes. Malos tiempos, ¿modus vivendi catalán? Se espera lo peor. España no es una dictadura pero no parece una democracia sana y, en todo caso, demuestra su incapacidad para entender lo que dicen los catalanes. Espero que España tampoco sea Polonia, la auténtica Polonia, la del artículo 7 del Tratado de la Unión.

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