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IDEAS

Minuto de silencio por la jornada de reflexión

Miqui Otero

Lo bueno de que últimamente se celebraran más elecciones que nocheviejas era que cada una traía consigo una jornada de reflexión.

Siempre me pareció curioso que esta pudiera aludir a todos, electores y candidatos, de modo que me paseaba en batín por casa reflexionando y cebando la pipa. Una jornada de reflexión, todo un día para cavilar, era en nuestros días algo más único que un Día de las enfermedades raras. Todos, como los niños que la lían en el cole, al rincón de pensar.

Entre las muchas cosas raras que planean sobre estos comicios, una es que la jornada de reflexión cae en laborable. He salido a la calle y todo el mundo estaba, aun así, de lo más reflexivo: el quiosquero parecía el pensador de Rodin; el pakistaní del colmado valoraba el color de su voto escrutando melancólicamente los sabores de los diversos Granini; los transeúntes, alelados, se saltaban los semáforos en rojo. Quizás dudaban por la ingente cantidad de elocuencia derramada por los políticos estos días.

En una pelea o en una discusión de pareja, las mejores frases nos asaltan siempre demasiado tarde

Durante la jornada de reflexión, a los candidatos se les aparecen, seguro, todas las réplicas ingeniosas y las medidas a aplicar, especialmente en el ámbito de la cultura, que no expusieron durante la campaña. Los imagino leyendo '50 discursos que cambiaron el mundo' o 'Las personas de la historia. Sobre la persuasión y el arte del liderazgo', ambos recién editados por Turner, y pensando: "Cáspita, demasiado tarde".

Siempre, en una pelea o en una discusión de pareja, las mejores frases nos asaltan demasiado tarde, como le sucedió a un ligue de una amiga, un tipo de mentón prominente y cerebro de nuez, que intentaba ser actor pero era modelo en anuncios. Modelo, también, de comportamiento impresentable. Cuando ella cortó, él abandonó la casa con el histrionismo de un concursante de 'Gran Hermano'. Un rato después le mandó un whatsapp: "Ya nos veremos. O ya me verás tú en la tele". Media hora más tarde, cuando cayó en que había sido poco optimista con su carrera interpretativa, matizó al alza: "O en el cine". Ese lapso convirtió la sentencia de macarra trasnochado en pataleta de fantasma perdedor. Sospecho que eso le ha pasado a más de un político durante la jornada de reflexión.

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