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LAS ELECCIONES DEL 21-D

¿Quién suma 68?

¿Quién suma 68?

Cristina Ares

Es probable que partidos con estimaciones de escaños modestas resulten decisivos en la conformación del nuevo Govern y la definición de sus prioridades políticas

Leo en los titulares sobre el 21-D que Ciudadanos y ERC se disputan el primer puesto del nuevo Parlament, y no sabemos todavía si podrá formarse un nuevo Gobierno independentista. Quizá como observadora externa, y sin derecho de voto (lo cual me molesta un poco), me cueste aceptar la decisión estratégica de la mayoría de los partidos de imponer República catalana-artículo 155 como principal eje de competición. Se me ocurre que sería una buena inversión dedicar la tarde a contar palabras, y el jueves apoyar al partido que menos hubiese mencionado alguno de estos dos opuestos. Rechazo inmediatamente la idea, pues sería dar por bueno el escenario de competición.

Vuelvo a los destacados de los periódicos sobre las encuestas publicadas fuera porque, desorientados como estamos por este marco tóxico, no hemos tenido tiempo de reformar la ley electoral española (ni legislar sobre el asunto en el Parlament). Recuerdo el episodio de la serie danesa Borgen en el que Bent Sejro, mentor, principal consejero y amigo leal de la líder del Partido Moderado, Birgitte Nyborg, la mira, divertido, para indicarle la frase que la convertirá en primera ministra: “¿Quién puede contar hasta 90?”. El veterano político danés solo recordaba que en una democracia parlamentaria no siempre el primero es quien tiene más poder a la hora de decidir la composición del Gobierno.

El contenido de los mensajes de campaña

Con independencia de lo que pueda llegar a durar la próxima legislatura en Cataluña, es probable que partidos con estimaciones de escaños modestas resulten decisivos en la conformación del nuevo Govern y la definición de sus prioridades políticas para los próximos meses. Sí podría ser inteligente valorar el contenido de los mensajes de campaña, por ejemplo, de Catalunya en Comú (CeC) o la CUP. El primero porque es el interlocutor inevitable el 22-D, sobre todo, para Ciudadanos y PSC. El segundo, porque puede de nuevo jugar un rol clave en la tarea de completar la suma de asientos de ERC y JxC.

CeC es quien presenta un programa más extenso, 161 páginas, 8 más que el PSC. Dedica el primer capítulo a la idea de un referéndum pactado y el reconocimiento del derecho a decidir en un Estado plurinacional español y una Europa más democrática. A continuación, detalla en 40 hojas sus propuestas sociales, con particular atención a los servicios sociales, la educación y la sanidad. Plantea una renta garantizada de ciudadanía y un sistema fiscal más solidario.

Después, no antes, en la parte económica, enfatiza asuntos laborales en 10 páginas. Más adelante, 6 hojas versan sobre feminismo y LGTBI, y otras 6 se dirigen específicamente a los jóvenes. Mientras, la CUP desarrolla 285 puntos (en 73 páginas). Tras una referencia a “la República del 1 de octubre”, cuyos aspectos institucionales completa al final del programa, dedica 48 hojas a los derechos sociales y el modelo de república: “feminista, sin corrupción, sin pobreza, desmilitarizada, ecologista…”, en resumen, inclusiva y sostenible.

Coincidencia de Ciudadanos y PP

Ciudadanos y el PP coinciden a la hora de presentar textos programáticos cortos. El primero, un “decálogo” de promesas (restaurar la convivencia, retorno de empresas, reducción de impuestos, lucha contra la corrupción, mejoras en políticas sociales, e impulso del Corredor del Mediterráneo). El segundo, 18 páginas, solo en castellano, con dos mensajes principales: “España es la solución” y “el PP es la solución”. Cuando comparamos sistemas políticos, solemos encontrar (y cuestionar) peticiones de adhesión a un líder por sus cualidades personales. Es menos usual hallar un énfasis tan acusado en características del partido en tanto que fuente de credibilidad.

Me entristece
intuir que los propios ciudadanos estamos olvidando el papel de los partidos

En España, los programas electorales son demasiados largos. Pueden acortarse, pero no es conveniente olvidar la importancia, con carácter previo a su aprobación, del estudio y de la negociación de prioridades y temas en el interior de las organizaciones de partido. Estas deberían seguir siendo heterogéneas y adaptar su oferta a las preferencias de los ciudadanos y los problemas que en cada momento resulte preciso y oportuno definir como públicos. Me entristece intuir que los propios ciudadanos (principales) estamos olvidando el papel de los partidos (agentes).

La estimación de participación el 21-D se sitúa en el 80%. En 2015, fue del 75%. La media histórica anterior en autonómicas catalanas, del 60%, 7 puntos por debajo de la vasca. Hasta aquí puedo leer, a la espera de la decisión conjunta de quienes pueden e irán a votar este jueves.

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