28 mar 2020

Ir a contenido

La crisis catalana

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se dirige a una reunión del grupo parlamentario del Partido Popular en el Congreso de los Diputados.

JOSÉ LUIS ROCA

Madrid va a mantener la dureza

Carlos Elordi

Las elecciones catalanas van a debilitar mucho a Rajoy, que podría convocar conjuntamente las generales y la municipales en el 2019 o antes


Desde el 1 de octubre el ambiente político madrileño solo ha trasmitido condenas al independentismo y a sus líderes. Nada más. Los tímidos atisbos de una tercera vía sugeridos por el PSOE se apagaron en aquella fecha. Hasta Podemos se ha visto obligado a dar marcha atrás en sus posturas a la vista de que la marea popular españolista también ha llegado a sus filas. La necesidad de diálogo es u concepto que ha quedado desterrado del repertorio político. 

Lo que puede ocurrir después del 21-D ha de analizarse a luz de lo anterior. Y aunque los resultados podrían modificar algo las cosas, cabe sospechar que no lo harán en la medida suficiente como para abrir alguna vía de solución al conflicto catalán. Es más, digan lo que digan las urnas la noche de este jueves, lo más probable es que a corto y medio plazo el mensaje de dureza transmitido hasta ahora sea aún más nítido.

Ni siquiera en el caso de que el independentismo renovara su mayoría absoluta cabría esperar que desde los ambientes del poder surgieran voces autorizadas pidiendo voluntad de diálogo, más allá de eventuales, y muy improbables, actos testimoniales. Quienes tienen la sartén por el mango, es decir, Rajoy y los suyos, no están para nada dispuestos a cambiar de postura y tampoco a tolerar que nadie próximo a ellos apunte en esa dirección.

Y más, si como dicen todos los sondeos, Ciudadanos obtiene un gran resultado, cosechado en buena medida a costa de un batacazo del PP. Ni ese escenario propiciará una reflexión sobre los errores que hayan podido cometer los populares en Catalunya. Lo único que provocará será un zafarrancho para encontrar la manera de evitar que el éxito de Inés Arrimadas se convierta en el trampolín para el ascenso de Albert Rivera a la cabeza de la derecha española. Y dialogar con el independentismo, aunque gobierne de nuevo, no es una vía para ello.

Las elecciones catalanas van a debilitar mucho a Rajoy. Hasta el punto de que no pocos creen que tendrá que convocar las generales coincidiendo con las municipales, en el 2019, o antes. Y esas dificultades refuerzan la previsión de que la actitud del poder político español hacia Catalunya no va a cambiar ni a corto ni a medio plazo. Porque la urgencia va a ser la excusa para no iniciar reforma alguna de calado del sistema de financiación o de la Constitución.

El BOE, los jueces y mucha propaganda vacía

En definitiva, que en la parte que a Madrid le toca, las cosas van a seguir como hasta ahora. Sin ideas ni propuestas, solo con el BOE, los jueces y mucha propaganda vacía. El único resquicio que queda es el del PSOE. Si Iceta triunfa el jueves, Pedro Sánchez podría volver a intentar su siempre aplazado cambio de rumbo socialista. Para Catalunya y para lo demás. Pero Felipe González y los barones han dejado  bien claro en estos últimos días que no están dispuestos a permitírselo. Es posible que la guerra interna del PSOE vuelva a abrirse. Y no cabe descartar que Sánchez sea de nuevo derrotado u obligado a retirarse. Y Podemos no le va a ayudar mucho a salir de ese entuerto.