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Al contrataque

¿Y tú de quién eres?

Najat El Hachmi

La sensación es que votaremos según lo que somos, que la identidad, ahora sí, pesará más que la política


¡Ay, las proclamas electorales! Son como esos pretendientes que mientras te rondan te prometen el oro y el moro y cuando ya te tienen en el bote, los príncipes se convierten en sapos pringosos. Lo único es que a estas alturas de la vida muchos votantes ya no nos chupamos el dedo, hemos perdido la inocencia de las primeras veces. Sobre todo ahora que desde algunas filas nos dicen que van a hacer lo imposible. Cuando desde ERC nos dicen que van a echar el 155, que sacarán a la gente de la cárcel, me pregunto si es que ellos han tenido algo que ver con la situación en la que estamos. Me refiero a las medidas aplicadas por el Gobierno central que, hasta donde yo he seguido la actualidad, no están en manos de los independentistas, de modo que no acabo de entender cómo van a sacar a Junqueras y los demás de prisión si ganan las elecciones. La realidad es que ahora mismo eso no depende de ningún político, a menos que se utilice la vía del indulto que propuso Iceta.

Personalmente hubiera preferido un Govern que antes de tirar a la ciudadanía por el barranco, tal como ilustraba el vídeo de la CUP, hubiera pensado un poco más en las consecuencias devastadoras que la intervención actual tiene no solamente para los presos sino para todos los que de rebote pagamos sus consecuencias. Pero ahora ya es tarde para esta reflexión, ahora volvemos a empezar con un nuevo «mandato», volvemos a las urnas para decidir de entre todos los candidatos pretendientes a príncipe verdadero. O como mínimo el menos pringoso de los sapos. Promesas difíciles de cumplir las hay de todos los colores, algunas de buena fe y otras no tanto.

Política e identidad

Por ejemplo, cuando Ciutadans dice que hará una escuela trilingüe, ¿de dónde sacará todos los profesores con suficiente nivel de inglés para dar las materias en esta lengua? ¿Cómo gestionará la más que previsible oposición de una comunidad educativa que hasta ahora mantiene un consenso casi unánime sobre el modelo lingüístico catalán? ¿No se acuerdan de las movilizaciones en Baleares cuando se intentó implementar un sistema parecido? 

Pero da igual porque en estas elecciones no parece que vayamos a decidir qué programas, qué ideología, qué prioridades de gestión. Hace ya tiempo que vivimos en un estado de semiexcepción, mucho antes de la aplicación del 155, como lo demuestra que ni en esta contienda electoral ni en la anterior se ha puesto sobre la mesa la acción que el Govern ha llevado a cabo. Si nuestro voto no sirve ni para esto, para verificar qué promesas se han incumplido y cuáles no, es que no sirve de mucho. La sensación es que votaremos según lo que somos, que la identidad, ahora sí, pesará más que la política. Exactamente igual que en el anuncio de refresco: ¿y tú de quién eres?
 

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