Ir a contenido

ANÁLISIS

Expresidentes como valor seguro en Chile

Salvador Martí Puig

Al final, como suele pasar, los votantes de derecha se movilizaron en bloque, mientras que losde izquierda no

Al final no hubo sorpresas y Sebastián Piñera, presidente de la República de Chile durante el mandato 2010-2014, ganó con comodidad las elecciones del domingo y va a suceder a Michelle Bachelet, quien también fue presidenta reelecta.

En un país como Chile, que es mayoritariamente conservador (independientemente de la ideología que se profese), los expresidentes son un valor seguro: son "malos conocidos" y previsibles. Este elemento es crucial para comprender la victoria de Piñera, ya que el resultado de las elecciones legislativas del 19 de noviembre (que se celebraron a la par de la primera vuelta para elegir presidente) supuso ya muchos cambios para el votante medio.

Las elecciones legislativas y para la primera vuelta mostraron un electorado fragmentado. En la primera vuelta presidencial, el histórico Partido de la Democracia Cristiana solo obtuvo el 5,9% de los sufragios, mientras que un candidato abiertamente pinochetista, el 7,93%, y una coalición de partidos de izquierda (el Frente Amplio), el 20,3%. Los dos candidatos 'mainstream' por primera vez no llegaron sumados al 60%.  Estos resultados se tradujeron también en una Cámara de Diputados fragmentada, fruto de la pérdida de fuerza de las coaliciones tradicionales y de la entrada en vigor de una nueva una ley electoral proporcional. Este hecho supondrá un cambio profundo en la dinámica de la competición política, ya que el nuevo presidente difícilmente podrá contar con las lealtades sólidas de antaño. Tal como dice el politólogo chileno Tokichen Tricot, «a partir de ahora la lógica pactista y centrista que ha imperado hasta la fecha puede que cambie para dar a luz una de más polarizada».

Poca fiabilidad

Pero también las elecciones chilenas son una muestra más de la poca fiabilidad de las encuestas: ¡todas se equivocaron! En la primera vuelta se equivocaron al vaticinar una amplísima victoria de Piñera y en la segunda, al prever una contienda apretada. Así, la derecha pasó de pensar que tenía la victoria asegurada y de repartirse públicamente los ministerios a hacer una campaña nerviosa y agresiva, a la par que se desdecía de las políticas más neoliberales de su programa. Muestra de ello fue la campaña negativa que desplegó señalando que, si ganaba Alejandro Guillier, Chile se convertiría en Venezuela o, tal como se decía, 'Chilezuela'. Por su parte, la candidatura de Guillier pensó que podría atraer a la vez votantes de la democracia cristiana y del Frente Amplio. Para ello, mantuvo un programa centrista, a la par que invitaba a Pepe Mujica en sus actos de campaña.

Al final, como suele pasar, los votantes de derecha se movilizaron en bloque, mientras que los de izquierda no. En esta lógica es posible que los votantes de la democracia cristiana, que antes apoyaron a Bachelet, prefirieran a Piñera. Para ellos, y para muchos otros chilenos, puede ser que el cambio de escenario político que se avecina en Chile ya sea suficientemente incierto como para apostar por un candidato diferente al "malo conocido".

Temas: Chile

0 Comentarios
cargando