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El día después

Albert Sáez

El ansia por un puñado final de votos puede privar a los candidatos de los pactos que necesitarían para gobernar

Los spin doctors de la política, abducidos por esos trackings que hay que hacer ver que leemos en Andorra, llevan a la ruina a sus clientes en el último tramo de las campañas electorales, también en la del decisivo 21-D. La ambición por un puñado de votos les lleva a cerrarse casi todas las puertas para el día después. Andan estos días a la greña, Arrimadas e Iceta en el bloque no independentista tras dejar a Albiol en un extremo del cuadrilátero en el que cada día se ve obligado a decir una barbaridad mayor para hacerse oír. Y andan también a la greña Junqueras y Puigdemont que en lugar de ser compañeros de celda han acabado echándose en cara aquellas horas negras de finales de octubre. La usura por un puñado de votos les puede costar la investidura. Y lo más grave es que unos y otros saben que no pueden llegar solos a la presidencia de la Generalitat. Y lo que hacen y dicen en estas últimas horas les inhabilita para alcanzar los pactos que necesitarían. Me admira que no se den cuenta de cómo estos procederes les minan la credibilidad y les privan de la confianza de los votantes, especialmente en la perspectiva de una repetición electoral como puede ser el caso. La crisis de la política también tiene que ver, y mucho, con esta fe ciega en la mercadotecnia, esa especie de profecía autocumplida que nunca analiza los propios errores como los analistas que nunca releen sus pronósticos fallidos.

De manera que los catalanes parecen condenados a partir del 22-D a una doble dinámica infernal: la división en bloques y el cortoplacismo. A cuál más estéril y a cuál más perversa. Visto lo visto, renunciar a los bloques se tilda como sinónimo de traición, ahí están bajo sospecha Junqueras por decir que su desobediencia será social o Iceta por insinuar una petición de indulto. Y administrar generosamente la victoria se entiende como una renuncia, sea para que Puigdemont sea president o para que lo sea Arrimadas. Si de los políticos depende, el día después será un infierno, solo queda que los votantes lo arreglen primero. Y esa no parece una decisión nada fácil. 

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