ANÁLISIS

Votar el 21-D

Suturar la fractura social nos concernirá a todos para situar de nuevo a Catalunya en el lugar que le corresponde en España, Europa y el mundo

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Estamos ya en el final del proceso electoral de unos comicios que Catalunya necesitaba después de los acontecimientos ocurridos en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre y de los acaecidos los días 1 de octubre y siguientes. La urgencia de unas elecciones democráticas con todas las garantías jurídicas era una verdadera necesidad social, como todos hemos comprobado. Nadie iba a cuestionarlas, ni tampoco ningún partido político iba a renunciar a participar en un momento de crisis como el que sin duda atravesamos.

Un reducido grupo de profesionales liberales nos dirigimos al entonces 'president' Puigdemont Puigdemont con estas palabras: “Los firmantes ante la grave situación institucional y política en la que nos encontramos, pedimos con toda solemnidad del presidente de la Generalitat que, en el ejercicio de las atribuciones de su cargo, convoque elecciones a fin de que el pueblo de Catalunya se pueda manifestar en su totalidad y así evite la intervención de lo previsto en el artículo 155 de la Constitución. Un acto de plena soberanía del President de la Generalitat de Cataluña, en aquello que es de su exclusiva competencia, sería un símbolo inequívoco de la representación que ostenta de todos los catalanes. Entendemos, en cualquier caso, que ello responde al sentimiento mayoritario de la ciudadanía”. (EL PERIÓDICO, 24 de Octubre del 2017). 

Los ciudadanos están motivados como nunca para votar, pero no es precisamente la serenidad lo que preside el escenario político

Todo parecía, y así se anunció, que el Señor Puigdemont iba a convocar elecciones para el día 20 de diciembre, pero en unas pocas horas, en las que los historiadores escudriñarán, hicieron cambiar la decisión tan sensata, oportuna y ajustada a derecho, por la proclamación de una república catalana independienteproclamación de una república catalana independiente. Al día siguiente era el presidente de la Nación quién convocaba las elecciones en aplicación de las facultades previstas en el artículo 155 y lo hacía para el día siguiente al previsto; es decir, para el día 21 de diciembre.

Aparentemente el calendario solo cambiaba en un día, pero el escenario era totalmente distinto y desolador para Catalunya. Nuestras instituciones intervenidas, los responsables del quebrantamiento de la legalidad democrática que debían preservar y en virtud de la cual habían sido elegidos, detenidos o huidos, entre ellos quien tuvo en sus manos convocar las elecciones y ejercer de presidente de todos los catalanes. Y lo más grave, el país dividido en dos mitades y su prestigio internacional por los suelos.

Votar como nunca

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Votaremos como nunca hemos votado y probablemente se llegará, según dicen, al 90% de participación. Los ciudadanos están motivados como nunca pero no es precisamente la serenidad lo que preside el escenario político. Es muy aventurado augurar el resultado de las elecciones a pesar de los sondeossondeos, interesados o no, cómo también aventurar el cálculo de los gastos que en estos últimos tiempos ha supuesto el olvido de la responsabilidad de gobierno de las cosas comunes; es decir, de la verdadera 'res publica'. Tampoco podemos evaluar los daños causados por esta situación, solo la historia lo hará con imparcialidad y para eso aún falta mucho tiempo.

Mientras tanto, hemos de reconocer que difícilmente nadie ganará de forma clara y ojalá que pueda formarse gobierno. Sin embargo me temo que todos habremos perdido.  Suturar la fractura social nos concernirá a todos para situar de nuevo a Catalunya en el lugar que le corresponde en España, Europa y el mundo. Esa es ardua tarea, pero nadie puede quedar excluido de responsabilidad.