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HOY JUEGAS

Vivir con alma de 'runner'

Vivir con alma de 'runner'

Inma Santos

Las cosas por su nombre, no me falta tiempo sino voluntad

Las 6.30 horas. Suena el despertador.  ¡A correr…! Sí, en el primer cajón del armario me esperan hace tiempo unas mallas negras y un 'top' cómodo con detalles en fucsia, a juego con las bambas, y un reloj que calcula el tiempo, los kilómetros recorridos y las pulsaciones. "Te iría bien correr –me insistía un amigo– para distraer la mente y desestresarte". Mordí el anzuelo –un deporte fácil, barato, individual, adaptable a mis horarios...– y me puse manos a la obra (o mejor dicho, pies sobre el asfalto). 

Duró unos meses. Sí, confieso, ahora solo soy una 'runner' 'fully equipped' ocasional, lo que significa que salgo a correr cuando puedo y me apetece, aunque la verdad es que cuando puedo, no me apetece y cuando me apetece, rara vez puedo, Y ahí estoy otro día más, a las 6.30 de la mañana, frente al espejo, lista para correr o más bien, para salir corriendo. "Ah, ¿pero tú corres?", me pregunta mi reflejo en el espejo burlonamente. Pues sí, todos los días un maratón, desde que me levanto hasta que me acuesto, pero vestida casual y con zapatos. Qué le voy a hacer, tengo alma de 'runner', pero muy poco tiempo. Y el espejo se ríe de mí. 

Cierto, ahora tempranito sería un buen momento... si no fuera porque empieza la operación Mochila y táper. ¿Después de dejar a la niña en el cole y antes de entrar a trabajar? Claro, pero una hora y media da para poco y no me gusta ir a correr con prisas (qué paradoja). A mediodía estaría bien, pero la hora de comer es sagrada, hay que repostar. Lo ideal sería entonces después de la jornada laboral... Uff, qué pereza. No, imposible, toca conciliación familiar, hacer la cena, arrastrar a la niña a la cama... ¿Y después? A las 10 de la noche, ya cualquier excusa –incluso la de planchar– me parece válida para no salir de casa, así que me hago la remolona. Y entonces, una voz pregunta: "¿No ibas a correr hoy?". "Y tú, no ibas a jugar a pádel?", contrataco. Vale, quizá mañana. Sofá, serie, libro y a dormir... hasta las 6.30 horas.

Las cosas por su nombre: no me falta tiempo sino voluntad. 

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