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ANÁLISIS

ERC, primer partido

Joan Tapia

La formación de Junqueras recupera el liderazgo y bate tanto a Arrimadas como a Puigdemont

La encuesta de este diario –y las de varios otros– dice que ERC será el primer partido en las elecciones del jueves. Sacaría el 22,2% de los votos y 34 o 35 escaños, por delante de C’s con el 21,2% y 27 o 28 diputados. Un dato confirma que Catalunya está muy dividida.  

Es imposible comparar los resultados de ERC con los de las elecciones del 2015 porque entonces concurrió en coalición con CDC, que ha cambiado de nombre y no se presenta pero que avala la candidatura de Puigdemont. Además, ERC participó en un gobierno que solo fue viable por el apoyo de la CUP. Para saber los efectos electorales del 'procés' habría pues que cotejar todo el voto independentista con el obtenido en setiembre del 2015. La comparación indica que el separatismo tiende a la baja porque ahora obtiene el 45,6% frente al 47,7% de entonces y un máximo –no seguro– de 69 diputados frente a 72, cuatro escaños por encima de la mayoría absoluta. 

Opinión exprés

21-D: Nada ha cambiado

El independentismo sufre pues un castigo significativo, pero bastante suave, ya que encuestas anteriores señalaban que Catalunya había salido perdiendo en los cinco años de 'procés' (66% contra 22%), que el 'procés' ha dañado a la convivencia (68% contra 28%) y que la economía se ha resentido (68% contra 29%). Con una censura tan clara a la gestión, del orden de unos 30 puntos, sorprende mucho que el retroceso electoral sea solo de dos o tres puntos. ¿Cómo puede ser?

Identidad y sentimiento

La respuesta quizá sea que el voto secesionista prima mucho la identidad, el sentimiento, o la convicción, frente a los resultados o la calidad de la gestión. O que la alternativa de los otros partidos –y la del Gobierno de Madrid– genera censura o un atractivo limitado. Sea como sea, la distancia es notable y ahí debe estar la clave del empate actual entre independentistas y constitucionalistas. 

También es interesante señalar que ERC, con su líder, Oriol Junqueras, en la cárcel de Estremera, sin poder hacer campaña, y con 3.000 empresas que han abandonado Catalnya, sigue siendo la formación con más intención de voto y aventaja en más de cuatro puntos a la candidatura de Puigdemont, que se basa en la legitimidad del president, en su mayor visibilidad desde Bruselas, gracias a la televisión, y al apoyo –nada entusiasta– del PDECat. Eso debe querer decir que se identifica a ERC como un partido amplio de centro-izquierda. Junqueras dice que "está" independentista –hasta lograr el Estado propio–, pero que "es" socialdemócrata. Y los electores apenas la castigan por el "descabezamiento" que está mostrando en la campaña. Con Marta Rovira, la suplente, incapaz de saber la tasa de paro catalana. Incluso se señala –si finalmente Junqueras no puede asumir la presidencia– a otros posibles presidenciables. Por ejemplo, al 'exconseller' de Justicia Carles Mundó, que confiesa haber estado siempre contra la unilateralidad y que apoyó a Puigdemont –como Santi Vila– cuando quiso convocar elecciones. La diferencia es que luego Mundó no saltó del barco y ha sido compañero de celda de Junqueras en Estremera. 

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