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LA CLAVE

Los privilegios catalanes

Albert Sáez

Todos los españoles tienen derecho a votar sabiendo los secretos de sus gobernantes como pasará el 21-D

El artículo 155 está poniendo fin al privilegio que los catalanes tenían de conservar y contemplar unas obras de arte que no eran originalmente suyas. En paralelo, la justicia les está proporcionando nuevos privilegios: saber de lo que se habla en las reuniones de los políticos y del Govern sin la presión de las cámaras y sin el postureo de las redes sociales. La investigación del juzgado número 13 de Barcelona -donde los titulares cada día se superan- permite estos días publicar todo tipo de grabaciones y de documentos incautados que evidencian la flaqueza y la falta de perspectiva de la realidad en la que vivió el gobierno de Puigdemont en sus últimos meses a pesar de las bravuconadas que soltaba en público. La mayoría alternativa al independentismo intenta fraguarse estos días en base a la denuncia de esa mentira que la justicia persigue en virtud de las presuntas ilegalidades que cometieron. Seguramente, no todos los electores reaccionarán igual ante el engaño. Ahí están los millones de votantes del PP tras conocer los detalles de los 'papeles de Bárcenas' o los sms de Rajoy: "Luis, sé fuerte".

Com explica el filósofo coreano Byung-Chul Han, la transparencia es uno de los grandes mitos de nuestra contemporaneidad. La mentalidad digital exige saber lo que pasa entre bambalinas, no solo cuando se cometen ilegalidades. De manera que deberíamos encontrar la fórmula para que, en las próximas convocatorias electorales, el resto de los ciudadanos tengan el mismo privilegio del que disfrutarán los catalanes el 21-D: entrar en las entrañas de los partidos que aspiran a dirigirlos, convertir sus salas de reunión en un escaparate digital en el que ausculten lo que quieren que se oiga y lo que se susurran al oído. ¿Qué daríamos por saber lo que dice Cospedal cuando no está Sáenz de Santamaría? ¿O Susana Díaz segundos antes de abrazar a Pedro Sánchez? ¿O Monedero de Pablo Iglesias? ¿Y qué haríamos si supiéramos lo que dice Trump con los suyos sobre Merkel? ¿O la cancillera de Macron? La democracia española ha abierto una vía en Catalunya que seguramente  marcará tendencia. O no. 

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