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EN CLAVE EUROPEA

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (derecha), y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en Bruselas.

EFE / OLIVIER HOSLET

Fracturas de insolidaridad en la UE

Eliseo Oliveras

La unidad de los Veintisiete frente al 'brexit' se quiebra en la reforma de la eurozona y en asilo e inmigración

Los mismos líderes que critican a sus socios del Este por los refugiados se oponen a la "Europa solidaria" de Macron

Detrás de la fachada de unidad de la Unión Europea (UE) frente al 'brexit', el Consejo Europeo en Bruselas ha vuelto a poner de relieve la débil solidaridad intraeuropea y sus profundas fracturas internas este-oeste y norte-sur, incluso con un choque público entre la Comisión Europea y el presidente permanente de la UE, Donald Tusk, sobre las cuotas nacionales de reparto de refugiados.

La unidad se mantiene donde es absolutamente indispensable, como en la negociación con Gran Bretaña sobre su salida de la UE, o sobre el papel, como la cooperación en Defensa mientras no exija concesiones o no suponga el envío de tropas de combate, como ha comprobado Francia en sus operaciones en Malí, pese a que han evitado la instauración de un estado yihadista a las puertas de Europa. Pero la unidad y el consenso desaparecen cuando se abordan cuestiones tan cruciales como la política de inmigración y asilo y la reforma para reequilibrar política y socioeconómicamente la eurozona.

En política migratoria, la UE ha logrado cierto éxito al subcontratar la gestión de los flujos migratorios a Turquía y Libia, pero a costa de pisotear sus propios principios humanitarios. Las subastas de esclavos y el trato inhumano a los inmigrantes en Libia parece ser el precio que los dirigentes europeos están dispuestos a pagar para reducir el número de inmigrantes que llega a Italia, aunque públicamente se muestren escandalizados. La UE también se ha acomodado al autoritarismo, la represión masiva y el giro antioccidental de Turquía, porque ha yugulado el flujo migratorio hacia Grecia. La estrategia se completa ahora con la reorientación de los fondos europeos destinados a África hacia el control de las fronteras para impedir que los inmigrantes lleguen a los países costeros del Mediterráneo.

A nivel interno, la relocalización de refugiados ha fracasado y la reforma del sistema de asilo, que penaliza a los países fronterizos, sigue bloqueada. De los 160.000  refugiados que los líderes de la UE pactaron distribuir en el 2015 entre los países, sólo se han recolocado 31.500, según la Comisión Europea. En España han sido 1.301, menos de los 1.507 de Portugal. Las cuotas nacionales de refugiados son rechazadas por Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, que prefieren aportar fondos para controlar las fronteras en África. La uniformidad de la población en los países del Este con ausencia histórica de foráneos y la defensa de su joven soberanía alimentan su rechazo a las cuotas.

Centros de acogida desbordados

Mientras tanto en Grecia, los centros de acogida en las islas llevan meses desbordados y en el país se acumulan más de 60.000 refugiados e inmigrantes. Pese al cierre de la ruta turca, este año han llegado a Grecia más de 28.000 inmigrantes y la caída de llegadas en Italia (118.000) ha implicado un desplazamiento de la presión hacia España, donde la cifra de llegadas se ha triplicado (20.000), según la Organización Internacional para las Migraciones.

La falta de solidaridad interna en la UE también se ha puesto de manifiesto en el debate sobre la reforma de la eurozona con una división norte-sur. El consenso se limita a avanzar hacia completar la unión bancaria y transformar el Mecanismo Europeo de Estabilidad en un Fondo Monetario Europeo. Pero incluso en estos ámbitos, las medidas que pueden implicar solidaridad entre los países (sistema europeo de garantía de depósitos y fondo de resolución de crisis bancarias) se plantean de forma muy gradual y con reticencias de Berlín y sus aliados. La creación de un presupuesto para la zona euro, que facilitaría el crecimiento y la convergencia socioeconómica de los países, como propone el presidente francés, Emmanuel Macron, choca con la oposición de Alemania, Holanda, Austria y Finlandia.

Las reformas que promueve la cancillera alemana, Angela Merkel, apoyándose en la Comisión Europea, pasan por reforzar el control del gasto público, la reducción del déficit y la imposición de reformas económicas y laborales. Los mismos líderes que han criticado a sus socios del Este en la cumbre de Bruselas por su falta de solidaridad con los refugiados se oponen a la "Europa solidaria" a nivel socioeconómico que defiende Macron, apoyado por Italia, España, Portugal y Grecia.

Alemania, que es el principal beneficiario económico y financiero del euro, no comprende que una eurozona cada vez más desigual no logrará estabilizarse sin un cambio substancial de política y sólo le preocupa evitar que cualquier medida pueda costar algo a los alemanes, lamentaba estos días el filósofo y sociólogo alemán, Jürgen Habermas.

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