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Un olvido crónico

Escena de ’Incendios’.

La cultura les da miedo

Juli Capella

La política prefiere asfixiarla, sea con férreo dirigismo o bien con míseros presupuestos. Todo menos darle rienda y que cabalgue suelta

A menudo se dice que la cultura no interesa al poder político. Pero es justo al contrario. Le obsesiona. Tanto le preocupa, que se dedica a asfixiarla, sea con férreo dirigismo o bien con míseros presupuestos. Todo menos darle rienda y que cabalgue suelta. En el Gobierno español es legendaria esta estrategia, con memorables ministros y ministras (aquí sí toca decirlo así) de derechas y de izquierdas, que han destacado por su insignificancia.

En el gobierno de la Generalitat no hemos tenido mejor suerte. El único atisbo de aflojar un poco el bozal fue cuando Maragall prometió al sector un Consejo de la Cultura, que la alejase del gobierno de turno, el CoNCA. Era tibio y modesto, pero aun y así cuando llegó Artur Mas decidió "cepillarlo" hasta convertirlo en un raquítico apéndice -ni siquiera órgano- asesor. Incluso con menos poder que las comisiones asesoras creadas en 1984 por Rigol, que los convergentes Ferrer y Guitart mantuvieron para amansar a la fiera.

Pensar por libre

La cultura despierta miedo en los gobiernos y consecuentemente odio. Poder y cultura se repelen. Esa gente cultivada que decide pensar por libre, esos creadores con tendencia a la independencia -mental-, son siempre un peligro. Prueba de ello es que de los siete partidos que se presentan a las próximas elecciones, tan solo dos citan al CoNCA para reforzarlo, y alguno ni siquiera tiene el epígrafe cultura en su programa electoral. Total, nadie lo lee y tampoco es necesario cumplirlo.

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De forma sorprendente Junts per Catalunya proclama que va a dedicar el 2% del presupuesto a cultura -en Europa no baja del 3%-. Entonces, ¿por qué le ha dedicado un exiguo 0,8 % cuando gobernaba? Para que la cultura no creciese y se les escapase de las manos. Temen la predicción de Gramsci, "la conquista del poder cultural es previa al poder político". Saben perfectamente, como dijo Beauvoir, que la incultura es una cárcel, donde les conviene tenernos entretenidos. Pero la cultura, puñetera, siempre se les escapa y se busca la vida.