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Tú y tus estadísticas del año

Miqui Otero

¿Cuántas listas de propósitos has hecho este año? ¿Cuántos bordes de pizza has indultado? ¿Cuántas veces has dicho "parece que refresca"? ¿Cuántas has preguntado "qué tal"? ¿Cuántas has contestado bien cuando era regular? ¿Qué canción has escuchado más veces?

 Reducidas a estadísticas, nuestras existencias dan miedo, si bien siempre podemos decir que nos parecemos más a Iniesta, juego de textura bonita y números nefastos, que a Cristiano, que exhibe balones de oro como cabezas de caza, que con cada una arruina un poco más la naturaleza del fútbol.

Ayer me llegó la lista de canciones que más he escuchado en Spotify, una información que podría definir mi año. En el número 1, Leaozinho, de Caetano Veloso, "hijito de león, rayo de la mañana; arrastrando mi mirar, como un imán", que escucho ahora con balbuceo de mi bebé al fondo. La segunda, sin embargo, es 'I Go To Pieces': me rompo en pedazos. La tercera, Gilipollas, de Camellos, “quedemos a cenar, llegaré empapado en gasolina; me sentaré y sacaré una cerilla", ¿autorretrato o análisis de la actualidad política?

¿Y todo esto para qué?

Comenté esta estadística con un amigo y me dijo que, más allá de pulsómetros que miden km de 'runners', molaría saber cuántas veces hemos hecho cada gesto o dicho cada cosa. Yo pensé en la novela 'Middlemarch': "Si tuviéramos una visión aguda de todo lo ordinario en la vida humana, sería como oír la hierba crecer o el latido del corazón de la ardilla, y deberíamos morir por ese rugido que está al otro lado del silencio”. Me puse así de intensito tras 4 birras, pero es cierto que los libros para dejar el tabaco calculan la cantidad de pitillos que fumas, porque, ante la visión de una montaña de colillas, uno pensará: ¿y todo esto para qué?

 Sometida al rigor de un Excel, toda vida es una empresa algo fallida. Lo escribió Tibbor Fischer en 'Filosofía a mano armada': "Miras los platos no fregados, las tardes a solas en bares, los atascos de tráfico, los teléfonos no contestados, los lavados de dientes y te das cuentas de que no son platos no fregados, tardes a solas en bares, atascos de tráfico, teléfonos no contestados y lavados de dientes; todo eso es tu vida".

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