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LA CLAVE

La Moleskine de la infamia

Enric Hernàndez

La agenda del lugarteniente de Junqueras delata a los líderes del 'procés': negaban en público lo que afirmaban en privado

Un micrófono indiscreto, un correo interceptado, un móvil intervenido, un papel decomisado... Pocas veces salen a la luz las conversaciones privadas de nuestros gobernantes, que suelen parecerse a sus pronunciamientos públicos como un huevo a una castaña. La Moleskine incautada a Josep Maria Jové, lugarteniente de Oriol Junqueras, adquiere pues categoría de incunable, al relatar minuciosamente, desde el mismo puente de mando, las recientes vicisitudes del proceso soberanista. Con sus grandezas, escasas, y sus terribles miserias.

Copiosamente se ha escrito aquí sobre el doble lenguaje del mandarinato independentista, que en charlas discretas confesaba la fragilidad de su proyecto de ruptura mientras impostaba ante las cámaras una determinación digna de mejor causa. Pero la casi taquigráfica agenda de Jové se erige en prueba de cargo quizá no penal, mas sí política, contra quienes irresponsablemente jugaron a la ruleta rusa con los anhelos de los independentistas y, lo que es peor, con el bienestar de todos los catalanes.

“El referéndum no pactado (unilateral) no tiene sentido, ya lo hemos hecho,” rezongaban Junqueras y Marta Rovira (ERC) en el 2016. Lo que no obstaba para que, en sus entrevistas, el vicepresidente defendiera la consulta unilateral: “Sería como a nosotros nos parecía que debía ser la primera vez [el 9-N], con todas las consecuencias.”

ESTRATEGIA SUICIDA

En puertas de las ‘plebiscitarias’ del 2015, tras amenazar los bancos con hacer las maletas si el Parlament apostaba por la secesión, el ‘president’ Artur Mas se travistió anticipadamente de ‘cupaire’: “No solo no se irán; se pelearán por estar en Catalunya.” Pero en vísperas del 1-O, según la Moleskine, Mas se preguntaba ante Carles Puigdemont cómo reaccionarían las empresas ante el conflicto en ciernes. Algo barruntaba sobre el éxodo que se avecinaba.

El dietario del 'procés' es la prueba más palmaria de la infamia, de cómo un nutrido grupo de políticos se concertaron para ocultar la realidad a la ciudadanía y arrastrarla a una segura derrota de gravosas consecuencias. Estrategia suicida de la que, a tenor de sus palabras, siguen sin abdicar. 

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