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ESTRATEGIAS SEXISTAS

Silenciados... por el machismo

Marta Roqueta

La vulnerabilidad, real o ficticia, de los hombres es utilizada para socavar los derechos de las mujeres

Una de las estrategias habituales de los activistas machistas actuales es la utilización de la vulnerabilidad, real o ficticia, de los hombres para socavar los derechos de las mujeres y frenar el avance de las políticas de igualdad. Dejando de lado que sus tesis suelen basarse en datos falsos sobre hombres maltratados y que tienden a olvidar que muchas de las agresiones las cometen otros hombres, estos grupos se aprovechan del complicado encaje de la masculinidad en el relato de la igualdad de género para impulsar su discurso.

En Hombres y desarrollo: politizando las masculinidades, Cornwall, Edström y Greig detectaron que muchas políticas sobre igualdad de género en el ámbito de la cooperación al desarrollo que implicaban a hombres se centraban en cómo los roles de género les perjudicaban. Había menos predisposición a abordar los privilegios que tienen los hombres por el hecho de serlo.

Jerarquización en base a múltiples identidades

Así, mientras las políticas resaltaban los beneficios de la paternidad, no promocionaban la implicación en otras tareas domésticas. No se instaba a los hombres a participar en la lucha contra desigualdades que limitaban la vida de las mujeres, como la brecha salarial, o a reflexionar sobre la institucionalización de la violencia machista. Tampoco se tenía en cuenta cómo la masculinidad se relacionaba con discriminaciones por razón de clase, raza u orientación sexual.

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La inhabilidad de situar los daños de la masculinidad dentro de una sociedad que jerarquiza las personas en base a múltiples identidades permite a los machistas desproveer de contexto las desigualdades entre hombres y mujeres y presentarlas como una lucha de suma cero. Si ambos sufren por igual, la pérdida de privilegio masculino es vista como una pérdida de derechos, y las políticas de igualdad como herramientas para privilegiar a las mujeres y descuidar a los hombres, hasta el punto de que los oprime y los silencia. La realidad lo desmiente. Por ejemplo, el protocolo de atención a los matrimonios forzados escocés los reconoce como violencia machista porque la gran mayoría de afectadas son mujeres y niñas, pero ello no le impide recomendar servicios de atención a hombres.

Revisión de los estudios de género

La ceguera a la estructura social hace que los argumentos machistas sean incluso inútiles para atajar los problemas de los hombres. El mismo sistema sexo/género que sitúa a las mujeres como subalternas, los considera a ellos más fuertes, capaces y emocionalmente contenidos. Una revisión de los estudios de género apunta a que cuestiones tan diversas como las mayores cifras de suicidio o sinhogarismo en hombres o la utilización de la violación a combatientes como arma de guerra en Libia no pueden pasar por alto cómo se ha construido el ideal de hombre que domina una sociedad.

Por ello, analizar las estrategias machistas actuales puede ayudarnos a entender cómo el dolor de muchos hombres es utilizado para reforzar un sistema que privilegia a otros hombres. Hay hombres silenciados y que lo pasan mal, sí. Los silencia el machismo para su propia supervivencia.

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