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Contrapunto

El polémico aumento del déficit fiscal de Catalunya

Salvador Sabrià

Lo más sensato es aclarar si el sistema de financiación vigente deja en peor posición a Catalunya que a otras autonomías que aportan menos

Sin hacer ruido, casi de incógnito, el Departament de la Vicepresidència i d'Economia i Hisenda de la Generalitat, que ahora controla el Gobierno central, publicó el pasado lunes las balanzas fiscales de Catalunya de los años 2013 y 2014 . Lo ha elaborado un grupo de trabajo creado por una ley del 2012 que obliga a publicar la actualización de este cálculo. Los datos se colgaron en la web de la conselleria y nadie dio más explicaciones oficiales de los mismos de las que se exponen en el documento de interpretación de las cifras.

Sin duda la explicación de estas circunstancias hay que buscarlas en el hecho de que aparecieron las balanzas justo el día antes del inicio de la campaña electoral al Parlament de Catalunya del 21 de diciembre. Y también, muy posiblemente, al hecho de que los resultados del informe constatan que el desequilibrio negativo entre lo que aporta Catalunya al Estado y lo que recibe de este va en aumento, o, como mínimo, se mantiene, según el método de cálculo que se utilice para concretarlo.

Con el sistema basado en el principio de flujo monetario, el que el último Govern de la Generalitat consideraba más ajustado a la realidad, el déficit fiscal de Catalunya ha vuelto a las andadas en los últimos años analizados. Así, mientras que en el 2012 se había reducido en casi 2.000 millones el déficit fiscal respecto al año anterior, a partir de ese ejercicio retomó la senda de subida, hasta alcanzar los 16.570 millones de euros en el 2014, equivalentes al 8,4% del producto interior bruto (PIB) de Catalunya.

Utilizando el llamado método de carga-beneficio, que en este caso quien lo considera más justo es el Gobierno central, las cifras se rebajan hasta 11.590 millones de déficit fiscal en el 2014. Pero la tendencia al aumento es la misma que la que se constata con la otra fórmula. En definitiva, que mientras la Generalitat decía que se preparaba para una posible independencia, las actuaciones del Gobierno central aumentaban el desequilibrio entre los ingresos que recibe el Estado de Catalunya y lo que se gasta en este territorio.

Una parte notable de esta cifra es lógico que no vuelva, ya que formaría parte de la cuota de solidaridad con las zonas más deprimidas del Estado. Pero el debate, dejando al margen la opción pura y dura de la independencia, es si esta cifra es la adecuada o no. Y para ello lo más sensato es aclarar si el sistema de financiación vigente acaba dejando en peor posición en calidad y cantidad de servicios a la población de Catalunya que a la de otras autonomías que aportan mucho menos que esta al conjunto. 

El Gobierno de Mariano Rajoy ha decidido paralizar las propuestas para un cambio del sistema de financiación hasta que se conozca el nuevo Govern emanado de las urnas el próximo 21-D.  Esperemos que, sea cual sea el resultado de los comicios, la tendencia del déficit se revierta. 

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