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Geometría variable

Anoche se produjo el primer debate televisado y ofrecido por Televisión Española.

EFE VÍDEO

Siete partidos para una Catalunya dividida

Joan Tapia

El resultado final pende de un hilo porque el sentimiento independentista sigue vivo

Vi el jueves en TVE el debate de los candidatos. Con dos referentes previos. La encuesta de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA que daba en votos (no en escaños) un cuasiempate a cuatro entre ERC (20,5%), JxCat (19,3%) y PSC y C's (19% cada uno). Y la manifestación de Bruselas. 45.000 catalanes que fueron a protestar ante la UE.

El independentismo ya no puede vender un proyecto que ha naufragado con estrépito. Pero conserva mucha fuerza. Las encuestas le dan el 44,5%, la del CIS, y el 45,6%, la de este diario. Solo una erosión del 2% o del 3% respecto al 2015. Conclusión: el votante secesionista es fiel. No tanto por el programa, o la gestión, sino por los sentimientos. No admite que olvidar la 'senyera' en favor de la 'estelada' ha encogido a Catalunya y no quiere una derrota. Aunque hayan jugado mal, los nuestros no merecen perder.

Un gallinero

El debate fue un auténtico gallinero que confirmó que Catalunya está partida, confusa y fragmentada. ¿Cómo salir del agujero? De Carles Riera, candidato de la CUP, agradecí la americana y el tono muy mesurado. Poco más. En el campo secesionista no estaban -lógico- ni Puigdemont ni Junqueras. Pero hubo sorpresas. Por ERC tampoco estaba Marta Rovira, ungida por el líder pero que no logra imagen presidencial. La sustituía el número dos por Girona, Roger Torrent. Buena presencia, pero rozaba el discurso de un frente de liberación nacional. Dio la impresión de que ERC -que está descabezada- no encuentra el tono.  

Jordi Turull es más conocido, acaba de salir de la cárcel y pese al ser el cuarto de la lista le tocaba representar a Puigdemont ya que Jordi Sànchez está en Soto del Real y Clara Ponsatí en Bruselas. Dice lo que le interesa con aplomo. Las empresas solo se han ido cuando Madrid generó desorden con la represión. Critica sin excitarse al PP y a C's (la España de siempre) y se enreda algo más con Miquel (Iceta), al acusarle de cómplice del 155. ¿Teme huida de votos catalanistas moderados? Acabó de forma magistral: en el 21-D solo hay dos opciones: Puigdemont, el 'president' legítimo, o Rajoy. ERC, Iceta y Domènech barridos del mapa.

Vamos al otro campo. García Albiol empezó a hablar en castellano -para exhibir músculo ante los suyos- y predicó que sin el 155 estaríamos peor. Alguna razón tiene y cita la recaudación de los taxistas como argumento de autoridad. Pero tiene pasión por exagerar y lleva el uniforme del PP que en Catalunya no está de moda.  

Inés Arrimadas es más suave, más cercana y busca, sin pasarse, voto femenino. Hay que acabar, de una vez por todas, con el 'procés'. Por ello es preciso un gobierno del frente constitucionalista. Y no se ciñe al independentismo, también acusa a Xavier Domènech de querer pactar con ERC. Pero ninguna encuesta da mayoría constitucionalista. Los 'comunes' pueden tener la llave de la Generalitat. Quiere que el voto refleje el sentimiento y la movilizacion de la gran manifestación antiseparatista, pero Vargas Llosa es solo premio Nobel  y un gran escritor. No la Virgen de Montserrat.

Recuperar la normalidad

Llega Iceta. Estuvo comedido. ¿Huía demasiado del gallinero? Atacó más al 'procés' por los resultados (fuga de empresas, perdida de prestigio de Catalunya) que por las esencias (que también). No quiso polemizar ni con Albiol ni Arrimadas. Más con los independentistas para constatar su fracaso y para replicar a Turull sobre el 155. La culpa es de Puigdemont porque no se atrevió a convocar elecciones. Se centró en su programa: recuperar la normalidad para que vuelvan las empresas y se creen puestos de trabajo. Y algún guiño comedido a Xavier Domènech que puede ser al final el socio necesario. El que deba decidir si apoyar a los independentistas, o a los constitucionalistas, o ser el culpable de la repetición de elecciones.

Turull cree en la victoria independentista y en el 'sorpasso' de Puigdemont a ERC. Los republicanos deben luchar contra la candidatura del 'president' destituido, difícil entre los suyos porque Puigdemont no es Mas. Y Junqueras tiene condena de silencio. Arrimadas pelea para ser la líder del constitucionalismo y que ese frente tenga mayoría (más difícil). Iceta critica el 'procés' y quiere unir al voto del PSC el del catalanismo moderado. Busca ser el refugio de los que creen -trabajadores o empresarios- que sin estabilidad peligra la economía, el turismo y la creación de empleo.

Ahora la palabra final la tiene el 29% de indecisos que detecta el CIS. Nada menos que siete partidos están en liza. Los mismos que en Alemania. Y allí, que tienen una tasa de paro inferior al 5% y poco problema identitario, parecen demasiados.  

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