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NÓMADAS Y MALEANTES

El dinamitero en jefe

Ramón Lobo

Donald Trump ha hecho saltar por los aires un plan de paz inexistente desde el asesinato del primer ministro israelí Isaac Rabin

Donald Trump ha dinamitado un plan de paz inexistente desde el asesinato del primer ministro israelí Isaac Rabin a manos de un extremista judío. Esa fecha, noviembre de 1995, marca el inicio de la voladura de los Acuerdos de Oslo entre Israel y la OLP de Yasir Arafat, y el ascenso al poder de Binjamín Netanyahu y de la ultraderecha israelí que lo acompaña.

Con su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, el presidente de EEUU ha puesto fin a un teatro en el que participa la Unión Europea (UE). Pero también ha abierto la caja de Pandora.

Los teatros en política ayudan a ganar tiempo, a no tomar decisiones difícilmente reversibles. La comunidad internacional se ha especializado en mantener un lenguaje optimista, hablar de conversaciones para poner en marcha el proceso de paz cuando no hay ni conversaciones ni nada que arrancar a la parte que se siente impune. Hablamos de Israel.

Netanyahu ha volado todos los puentes porque busca, como los sionistas revisionistas a los que pertenecía su padre, el control del Israel bíblico. Apenas nadie habla ya de la solución de los dos estados, una impostura más. Hace años que no existe un plan de paz. Para que lo haya EEUU debería tener un papel activo. Obama lo intentó. Trump va en dirección opuesta.

Compra y expulsión

Israel ha ocupado gran parte de Jerusalén Este combinando dos políticas paralelas: la compra de propiedades y la expulsión de residentes palestinos.

También ha acelerado la colonización de Cisjordania ante el mutismo internacional. Más allá de alguna declaración, nadie ha tratado de impedirla. Ni el Consejo de Seguridad, ni EEUU, ni la UE, ni la Liga Árabe. Esa colonización tiene como objetivo hacer imposible cualquier Estado palestino y garantizarse una eventual anexión del 80%: las fronteras y las zonas donde está el agua, que con el cambio climático será más importante que el gas y el petróleo.

La mayoría de los países árabes han emitido comunicados con mayor o menor indignación que serán representada durante unos días en el teatro de la política. También la UE y Turquía juegan a la escandalera en diferentes grados. Después todo volverá a la nadería habitual.

Los palestinos tratarán de responder con una tercera intifada pero es tal el agotamiento de la población civil, quebrada en la humillación cotidiana, que es difícil prever cuál será su resultado, si la habrá de verdad y si esa nueva protesta logrará resultados concretos. No parece que haya fuerza para un combate prolongado con un enemigo más fuerte y que tiene los mejores amigos.

Sheldon Adelson

Trump ha tomado esta decisión de acuerdo con su vicepresidente Mike Pence y algunos de sus donantes, como Sheldon Adelson, el que Esperanza Aguirre trató de endosar a Madrid como remedio de todos los males. ¿Recuerdan Euro Vegas?

Este cambio en la política de EEUU en Oriente Próximo es consecuente con el giro a favor de Arabia Saudí, su comprador masivo de armas, y la denuncia del acuerdo nuclear con Irán. Estos últimos casos tienen como objetivo alejarse de todo lo que suene a 'obamanismo'. Aún puede liarla más en Siria o en Corea del Norte, por no hablar del cambio climático.

Estamos ante una presidencia dinamitera, alejada de la imagen de constructor (o especulador) de éxito. Nos conformamos con que Trump no empiece una guerra mundial, y que llegue a final de mandato en enero de 2021 sin opciones a otro. No hay que confiar en los votantes, que no se han movido demasiado, ni en los demócratas; solo tenemos al fiscal especial Robert Mueller. Su trabajo avanza y preocupa al entorno del presidente. Jerusalén es otra cortina de humo.

Desafío

El secretario de Estado, Tex Tillerson, advirtió a Trump de que la medida podría poner en peligro al personal de EEUU, como sucedió en el ataque a la embajada en Libia en 2012. El jefe del Pentágono, general James Mattis, pidió más tiempo antes del anuncio para evaluar la exposición de sus tropas y en todo caso reforzar sus defensas. El cambio de embajada representa un desafío que tratarán de aprovechar los grupos yihadistas.

A los palestinos les queda poco espacio en este nuevo Oriente Próximo. Una solución sería la esbozada hace años por Eduard Said: disolver las instituciones palestinas y pedir en masa la nacionalidad israelí. Aunque daría a Israel todo el territorio, le forzaría a renunciar al Estado judío para ser uno democrático para todos. Netanyahu jamás lo aceptaría. Ellos quieren la tierra pero sin palestinos.

El paso dado por Trump aleja las soluciones negociadas, viola las resoluciones del Consejo de Seguridad y favorece a los radicales. Los grandes cambios, y este lo es, necesitan del paso de 20 años para medir su impacto. Lo único claro es que no será positivo.

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