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Nuestro oficio exige atender las verdades de los otros, pero la neutralidad no puede ser confundida con la equidistancia. Como decía Ryszard Kapuscinski, «la llamada teoría de la objetividad es falsa y produce textos fríos, que no convencen a nadie», a lo que añadió que él era partidario de escribir con pasión: «Cuanta más emoción, mejor para el lector».

Pero eran otros tiempos y el genial periodista polaco trabajó en una época en que la comunicación tenía a la palabra escrita en papel como el medio esencial. Ahora vivimos en la era de internet, y en la red el principio más preciado por sus usuarios es aquel que establece que el acceso a la comunicación a través de ella debe de ser igual para todos. Es decir, la neutralidad.

La FCC desarrolló en el 2010 una serie de medidas para que no se pudieran poner límites, ni bloqueos en internet

En mayo del 2010, siendo Obama presidente, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) desarrolló una serie de medidas para que no se pudieran poner límites, ni bloqueos en la red. Días después, la compañía Verizon presentó una demanda y logró anular las reglas que regulaban el libre acceso a internet. Tras un sinfín de disputas, en febrero del 2015, un tribunal federal aprobó las medidas del presidente demócrata reconociendo que «una internet abierta era esencial para el desarrollo y la innovación». Y en esas llegó Trump.

El presidente que fue presentador de tele, de la mano de Ajit Pai, nuevo responsable de la FCC, presentó su proyecto «para la restauración del orden de la libertad en internet», que se votará el 14 de este mes en el Congreso. Título falso donde los haya, el plan supone el fin del acceso libre a la red, ya que deja en manos de los principales proveedores de internet (Verizon, AT&T y Comcast) el servicio que den a sus usuarios, pudiendo desde bloquear ciertos accesos, a dar más o menos velocidad dependiendo de la tarifa que paguen los usuarios. Esta es una demanda histórica de las telecos frente al uso que de la red hacen otras compañías que como Google o Facebook que logran beneficios altísimos en la actual situación.

Con Trump en el poder, la FCC planea dejar la red en manos de los principales proveedores: Verizon, AT&T y ComCast

Pero la principal consecuencia será que internet va a acabar siendo lo mismo que es ya la tele de pago: pagaremos en función de los paquetes que queramos consumir. Si un usuario quiere tener red para ver Netflix o HBO pagará más que quien solo utiliza la red para mandar mails. El resto es fácil de imaginar. Un internet más caro para usuarios y una sociedad más dividida entre quienes, por razones económicas, tengan un internet a mayor o menor velocidad. Como hecho positivo, también se podrá dificultar mejor el acceso a las webs que favorecen la piratería.

No es un asunto menor. Así lo entienden en Amazon, Facebook, Twitter, Google, Snapchat, Spotify, Netflix o Microsoft, que entre otras muchas compañías han creado Battle for Net, para detener el proyecto de Trump; algo que sin embargo parece no lograrán dada la mayoría republicana en el Congreso.

En Europa, de momento, parecemos estar lejos de medidas similares, pero los comportamientos del audiovisual estadounidense siempre son la principal influencia de nuestro entorno, así que mejor comenzamos a darle importancia al asunto, porque la tiene.

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