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Editorial

Punto final a la 'guerra de las terrazas'

La flexibilización que Colau acepta hará que la normativa responda más a las necesidades reales del sector de la restauración

Una terraza en los alrededores de la Sagrada Família.

Una terraza en los alrededores de la Sagrada Família. / DANNY CAMINAL

Después de dos años de guerra, Ada Colau ha firmado la paz sobre las terrazas con los restauradores. El acuerdo suscrito entre ambas partes permitirá flexibilizar una polémica normativa –asumida por la misma alcaldesa como «un nyap» y pendiente de modificación desde hacía meses– y poner fin a la sangría de mesas y sillas denunciada por el Gremi de Restauració y que ponía en jaque la supervivencia de algunos negocios históricos. Un pacto que acelera los cambios planteados por el gremio tras la iniciativa popular y el acuerdo de la mayoría de partidos de la oposición, y con el que todos ganan. Por una parte, para los comuns, que se habían quedado solos en esta guerra, supone un alivio de la presión que mantienen los sectores económicos, muy críticos durante todo el mandato. Por otra parte, los restauradores, que en los dos últimos años y medio han sufrido el via crucis de las adaptaciones a la norma tanto en horarios como en reformas y recortes en el tamaño de sus terrazas o incluso su eliminación, ven el final de sus pesadillas. La modificación, que se aprobará hacia marzo, supondrá una fórmula menos restrictiva que la vigente y permitirá que las licencias ya otorgadas se sometan a revisión con los nuevos criterios. También incorporará las aportaciones vecinales y de colectivos de personas con discapacidad. En definitiva, una normativa más comprensible y adaptable a las necesidades reales y a la convivencia de todos. Eso sí, está por ver su aplicación.

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