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Sede de CaixaBank en Barcelona.

EFE

¿Qué nos está pasando?

Guillem López Casasnovas

Hay que reconocer, para no faltar a la verdad, que el traslado de sedes empresariales no supone efectos tan importantes como se ha dicho

Ciertamente el dinero es miedoso y el empresario debe ser cuidadoso con los intereses que representa. La cuestión es que el ruido, el miedo escénico, siempre incide más en el sensato y en el reflexivo -a quien más fácilmente tiemblan las piernas por la aversión al riesgo- que a quien tiene más músculo que cabeza, y que va  'a por ellos'. Y el hecho de no reconocer esta base daña el argumento económico que pierde simetría sobre los efectos adversos de la situación creada para todas las partes.

Si el acuerdo en una disputa tiene que ser aceptado como un requerimiento de buen juicio, la reflexión económica debe ser recíproca para los dos bandos, simétrica en los pros y los contras (los pros de uno, los contras del otro) para encontrar un 'win to win'. Por otra parte, si la crítica se realiza únicamente contra una de las partes se consigue lo contrario, y hace menos posible el acuerdo, ya que la debilidad de unos se convierte en la fuerza de los otros y no tiene sentido esperar entonces una cesión de quien tiene todo el poder. Que la respuesta del mayor sea aplacar al pequeño o que los que tanto apostaron desde aquí por la tercera vía exhiban hoy un nivel cero de éxito en propuestas provenientes de quien las podría dar, y que pese a ello, no reconozcan su fracaso y continúen hablando de ello, es preocupante.

"Tener sedes ciertamente es mejor que no tenerlas; pero es una falsedad asumir que entre tener una cosa u otra, mejor sedes que fábricas"

No conozco ningún economista que haya dado por buena la huida de sedes empresariales. Pero hay que reconocer, para no faltar a la verdad,  que en sí misma no supone efectos tan importantes como se ha dicho en creación de valor añadido bruto: ni producción, ni trabajadores se deslocalizan. Tener sedes ciertamente es mejor que no tenerlas; pero es una falsedad asumir que entre tener una cosa u otra, mejor sedes que fábricas. El argumento de querer sedes ya que no se podían localizar producciones, fue utilizado cuando el capital catalán decidió abrir empresas en el norte de África, países del Este y en China. Se 'compran' también así accesos a mercados, obviando exportaciones, y se hacen producciones competitivas por el menor coste relativo de estas otras ubicaciones; como mínimo para aquellos bienes y servicios de menor valor añadido neto y de menor 'know how' exigible. Pero utilizar esta constatación fuera de contexto es simplemente tramposo.

Sí. Estoy hablando del ‘procés’. Resulta escandaloso como algunos analistas han empleado la economía y los argumentos de los economistas. Esto pone de nuevo contra las cuerdas y de manera poco merecida a la profesión que ve que su proximidad en la política permite que algunas opinen en su nombre con nulo rigor. Yo no conozco ningún economista mínimamente serio que haya menospreciado las dificultades políticas del proceso secesionista. La viabilidad económica siempre se ha dicho que dependía, y que incluso podría ser neutralizada, por su falta de viabilidad política. Respecto de esta posibilidad, cada uno puede tener una idea diferente; particularmente en torno a cuál podía ser la respuesta del Estado al reto secesionista. Sí era previsible la justificación que se utilizaría: la de no respetar la legalidad vigente, la Constitución y sus intérpretes. Pero no su virulencia ni contundencia en el uso y abuso de los poderes, en respuesta hoy valorada por cada uno desde los valores democráticos propios.

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