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La carrera hacia las urnas

Por favor, reduzcan la comunicación hostil

Estrella Montolío

Hay que evitar que en la campaña electoral del 21-D arrecien en las redes la bilis y la violencia verbal


Ya tiemblo, y es muy probable que usted también. Hoy comienza oficialmente la campaña electoral en Catalunya, que finalizará el día 19. Será una campaña corta, pero dado que, además, ya ha sido calificada –cómo no– de histórica, muchos nos tememos que arrecie la bilis hostil y a menudo bárbara que hemos vivido en los últimos meses, especialmente en las redes. Una violencia verbal de una intensidad inédita y cuya escalada agresiva parecía no tener fin.

Psicólogos, psiquiatras y lingüistas estamos de acuerdo: la elección de las palabras que utilizamos no es gratuita. Las palabras que seleccionamos, articulamos, escribimos, gritamos o leemos y recibimos no son un mero maquillaje que se pueda poner y quitar sin dejar rastro. Bien al contrario, las palabras que usamos dejan huella en nuestro cerebro, configuran nuestra visión de la realidad y, por tanto, construyen nuestra imagen de quién es el otro. Si tratamos a quien no comparte nuestra visión política de enemigo, patán, fascista, alucinado, estúpido, incoherente, enloquecido, retrógrado o lindezas por el estilo, difícilmente vamos a poder (ni aun queriéndolo) dialogar con él, negociar conjuntamente un gobierno, un país, una colectividad.

El 22-D seguiremos conviviendo

Sin embargo, el 22 de diciembre, una vez celebradas las elecciones, los ciudadanos de Catalunya hemos de seguir conviviendo unos con otros, sean cuales sean los resultados. Por eso sería deseable que políticos, community managers y partidos tuvieran en cuenta el breve decálogo forjado a principios de este año en Italia y extendido por numerosos otros países con miles de firmantes denominado Manifiesto para una comunicación no hostil en las redes. Se trata de un documento on line sucinto consistente en diez puntos muy claros y concisos, formulados en forma de compromiso personal. Vale la pena comentarlos.
El primero indica: «Todo lo virtual es también real. Digo y escribo en la red solo las cosas que tengo la valentía de decir en persona».

Quienes insultan irreflexiva y gratuitamente a otra persona en las redes, ¿de verdad lo harían en la vida real sin sentirse avergonzados?

Ya ve. Son dos frases cortas, pero tienen mucha miga. La primera alude a la relación de irrealidad que muchos usuarios tienen con la comunicación electrónica. Sin embargo, por mucho que la tecnología desrealizadora de los programas informáticos que sustentan las redes nos pueda hacer pensar que, como no hay realidad física, no hay consecuencias en la realidad, aunque las redes nos proporcionen la falsa sensación de estar en una realidad alternativa y nos produzcan la sensación de anonimato digital –lo que incita a algunos a tirar (cobardemente) pedruscos comunicativos escondiendo su mano–, lo cierto es que lo que sucede en el mundo virtual de las redes acontece también en el mundo real. Por eso, un delito cometido en el mundo virtual, como el robo de datos, la usurpación de identidad, el saqueo de cuentas bancarias, el bullying, la difamación, las amenazas, etcétera, es un delito cometido de manera efectiva en el mundo real. Igualmente, un insulto proferido en las redes también hiere a la persona real que lo recibe y deja huella emocional en el colectivo humano que asiste al intercambio agresivo. Quienes insultan irreflexiva y gratuitamente a otra persona en las redes, ¿de verdad lo harían en la vida real sin sentirse avergonzados?

Un relato de nosotros mismos

El segundo punto del manifiesto indica: «Soy lo que comunico. Las palabras que elijo relatan la persona que soy: me representan». Cuando interactuamos en el mundo virtual no podemos perder de vista que, al igual que sucede en el mundo analógico, lo que decimos, oralmente o por escrito,  nos representa ante los demás porque transmite a otros de manera muy precisa nuestros pensamientos y nuestras actitudes. Cuando hablamos o escribimos estamos construyendo el relato de nosotros mismos. ¿De verdad queremos que nos perciban como una persona violenta, intolerante, agresiva, tóxica, o, por el contrario, preferimos dar la impresión de ser dialogantes, comprensivos, constructivos?

Aquí va el tercer punto: «Las palabras dan forma al pensamiento. Me tomo todo el tiempo necesario para expresar lo mejor posible mi pensamiento». Escribir correos electrónicos enfurecidos, que después te arrepientes de haber enviado, compartir tuits o comentarios de Facebook furibundos en pleno ataque de rabia que luego quieres eliminar y preferirías no haber escrito nunca, puede evitarse tomándose un mínimo tiempo de reflexión antes de hacer clic en el botón de publicar. No se trata de que cada tuit sea un poema memorable, pero sí al menos hay que dedicarle el tiempo suficiente como para que exprese lo que pensamos de manera clara, interesante y ¡por favor! educada.

¡Y nos quedan pendientes siete puntos! 
 

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