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Se habla mucho de las noticias falsas pero también hay hechos falsos en boca de los políticos

La escena inicial del debate entre Marta Rovira Inés Arrimadas en 'Salvados' resultó ser antológica. Preguntadas por la tasa de paro en Catalunya convinieron en situarla en el 19-20% aunque señalaron que hay discrepancias entre las cifras del Inem y las de la EPA. Afortunadamente, Jordi Évole aclaró que és del 12,5% según la EPA. La mitad del doble que dirían las abuelas. ¿Se puede aspirar a gobernar un país sin saber cuántos parados tiene? El sentido común diría que no, pero la barbaridad podrían haberla dicho ambas políticas en la tribuna del Parlament y habría quedado consagrada en el diario oficial de sesiones. No sería la primera vez. Pero lo curioso es que ambas son capaces de articular su discurso político sobre un dato falso y quedarse tan anchas. Posiblemente lo hacen casi cada día. Y ellas aún, peor es el caso de los que se limitan a apretar el botón siguiendo sus indicaciones. 

El inventor del término 'postverdad' -declarado pomposamente palabra del año por los anglosajones tras la victoria de Trump- explicó en su momento el fenómeno de la siguiente manera: habló de la política postfactual en la que los electores prescinden de los hechos para votar, por eso los germanos -siempre más finos con lo del lenguaje- eligieron como palabra del año 2016 'postfact', es dedir, denunciaron el menosprecio por los hechos. Y esa es la auténtica madre del cordero. Que para un político pueda ser igual que la tasa de paro de su país sea del 20 % o del 12,5 %. No lo es en absoluto para el que está en el paro.

Durante este año de la postverdad, el acento se ha puesto en el papel de las redes sociales y de los periodistas en el asunto. Desde la vieja política se ha peusto -como siempre- el acento en la información para esconder las propias flaquezas. ¿Hubiera podido mentir Trump en Twitter si antes no lo hubieran hecho los Clinton en el 'Times'? Me temo que no. La verdad es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de políticos y de periodistas.  ¿Es suficiente que un diario publique que han quemado una casa en Balsareny porque tenía una bandera española para que les llame Rajoy? ¿O es suficiente que llame Rajoy para que lo publique un periódico? Me temo que ni una cosa ni otra. Unos y otros deben partir de hechos, ni de noticias ni de declaraciones. 

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