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LAS ELECCIONES DEL 21-D

Carles Puigdemont conversa por videoconferencia con candidatos y simpatizantes durante la inauguración de la sede de campaña de Junts per Catalunya.

ALBERTO ESTEVEZ/EFE

Una campaña electoral rara, rara

Carmen Juan

Si la campaña es extraña de por sí, la situación personal de muchos de los candidatos la complica aún más

Comienza una campaña electoral de lo más rara para unas elecciones aún más extrañas, en las que tampoco sabemos muy bien qué elegimos. El independentismo ha pasado todas las pantallas hasta llegar a la DUI, simbólica o política, para retroceder hasta el punto de partida y más allá. Poco más pueden ofrecer, así que intentan convertir el 21-D en un plebiscito sobre el 155 y alimentan las sospechas de pucherazo, confiados en la fe ciega de su electorado, más compacto que las fuerzas políticas que lo representan, repartidas ahora en diferentes listas.

Si la campaña es rara de por sí, la situación personal de muchos de los candidatos la complica aún más. Huidos o encarcelados se convertiran en cargos electos con cuentas pendientes. Podrán salir de prisión, pero la inhabilitación pende sobre sus cabezas. Podrán tomar posesión de su escaño, pero ¿qué margen de maniobra política tienen con una causa judicial pendiente? ¿Se imaginan al próximo presidente de la Generalitat ajustando su agenda a sus comparecencias en el juzgado?

En el caso de Puigdemont aún es más complejo porque también interviene la justicia belga que tiene sus propios tiempos para decidir la extradicción. Puigdemont podrá hacer campaña a través de un plasma o un holograma, si sus recursos económicos dan para tanto, pero solo podría recoger su acta de diputado si volviera a Barcelona y eso lo llevaría de cabeza a la prisión. Si no recogen el acta, y no renuncian a ella, los escaños de los huidos a Bélgica no valdrían nada en el nuevo Parlament, pero me temo que Puigdemont no aclarará esa duda en campaña, salvo que regrese por sorpresa en el último momento para buscar rédito electoral a su situación. 

Las dudas son enormes y añaden un plus de emotividad y dramatismo a las elecciones. ¿Votaremos como acto de protesta? ¿Cómo intento de seguir avanzando en un posprocés? ¿Para enmendar toda la política catalana de los últimos años?

La base social de ERC

Para Junts per Catalunya se trata de restaurar al Govern cesado y a su legítimo presidente. Para ERC es seguir ampliando la base social hacia la república, abandonando la unilateralidad. Imagino que el votante de ERC querrá saber si su voto hace presidente a Junqueras o restablece la presidencia de Puigdemont, o si va en serio la propuesta de Marta Rovira de tener dos presidents, el simbólico y el ejecutivo, como tenemos a dos papas y a dos reyes.

El votante del PDECat querrá saber en qué lista van los suyos, porque Junts per Catalunya dice que no se presentan a esas elecciones y Miquel Iceta está construyendo su propia sociovergencia. El votante de En Comú Podem querrá saber si su voto sumará con ERC o con el PSC, porque tras romper su acuerdo con los socialistas en Barcelona, y recurrir el 155 en el Constitucional su equidistancia lo parece menos. Para superar las malas noticias, nada mejor que otras peores, así que les recuerdo que tras las elecciones hay que formar gobierno… o estaremos condenados a volver a las urnas, mientras sigue mandando Rajoy.

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