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El futuro de la información

Verificar los hechos

Jordi Puntí

A menudo un tuit falseado se convierte en 'noticia falsa' y su posterior denuncia aún le da más difusión


Hace unas semanas se produjo una noticia destacable para el futuro de la información. Twitter decidió suspender la cuenta de Roger Stone, uno de los consejeros de Donald Trump. Con una larga trayectoria en el márketing político, Stone se había hartado de censurar a los rivales de Trump, pero la prohibición llegó con una serie de tuits amenazadores contra varios periodistas de la CNN por la información sobre las conexiones del clan Trump con Rusia. No es la primera vez que Twitter cierra cuentas pero con Roger Stone señala un 'trol' a cara descubierta y con gran influencia política.

Aunque la regulación de internet siempre es muy lenta, es importante que se fije pronto algún tipo de control real, en especial sobre los que operan con seudónimos o bajo nombres genéricos. Ahora mismo las redes sociales son la gran amenaza a la hora de transmitir las noticias. Su carácter universal, la facilidad para integrar a todos, es una ventaja y a la vez un defecto inevitable. Hace unos días este diario contaba que en el 2022 la mitad de las noticias que circularán por el mundo serán falsas o falseadas (las 'fake news') y cada vez hará falta más esfuerzo para acotar la verdad. Tal como ya ocurre en muchos medios estadounidenses, habrá que invertir en alguien que verifique las noticias (el 'fact-checking'), es decir, habrá nuevos filtros que hagan lo que siempre había hecho el periodista profesional.

Parásito y epidemia

Pese a que la mayoría de noticias falsas nacen de individuos descontrolados en las redes sociales, hay que tener claro que la responsabilidad final es y será de los medios, que deben valorar su veracidad y decidir si las reproducen o no. Parece una obviedad, pero no lo es. A menudo sucede que un tuit falseado que ven un millar de seguidores se convierte en ejemplo de noticia falsa y, entonces, la posterior divulgación en los medios, con voluntad crítica y de denuncia, le da aún más eco del que tenía en un principio. Es decir, no puede ser que el parásito aislado se convierta en epidemia.

Es lo que ocurrió, por ejemplo, con los hechos del 1 de octubre durante el referéndum en Catalunya. Las fotos y filmaciones de la violencia evidente de la policía se multiplicaron en la red casi en tiempo real para denunciar los abusos. Al mismo tiempo, algunas imágenes que no correspondían se mezclaron con los hechos reales. Al día siguiente, el diario 'Le Monde' se hizo eco de ello, pero a la vez publicó un artículo en el que destacaba la manipulación de algunas imágenes. En más de un caso, eran fotos de otro momento -los bomberos enfrentándose a la policía, por ejemplo-, pero que ilustraban unos hechos reales, y sin embargo se repudiaba toda la información.

Huelga decir que al día siguiente muchos medios españoles reproducían la noticia remarcando que venía de una fuente tan prestigiosa como 'Le Monde', y se magnificaba aún más una situación que era claramente minoritaria. No habían pasado ni 48 horas y el ministro Alfonso Dastis ya hablaba a las teles extranjeras -frente a los ojos incrédulos de algunos periodistas- de una gran proliferación de noticias falsas en torno a la carga policial. Se empezaba a justificar la actuación de orden, se daba la vuelta a la tortilla.

Pasar la criba

Cara al futuro, pues, habrá que acostumbrarse a pasar la criba por las noticias. Además de un mayor control de sus usuarios, por parte de Twitter, Facebook y otras redes sociales, la confianza en los métodos de verificación se renovará cada día a base de no cometer errores. Como todo está inventado, también habrá que vigilar a los vigilantes y detectar a los que utilizan la denuncia de noticias falsas para esparcir noticias falsas.

Una muestra de esta especificación puede ser un término que ya ha dado el salto del mundo de las publicaciones académicas al del periodismo informativo: el 'cártel de citas'. Se refiere a aquellos artículos que se citan el uno al otro para crear un efecto espejo y beneficiarse mutuamente del prestigio, sobre todo en informaciones que viajan en páginas web y se pueden actualizar al minuto.

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Con la excepción de los medios británicos -que han mostrado una notable independencia en los conflictos recientes vividos en Catalunya-, no es raro ver ejemplos de esta cooperación entre grandes diarios que representan la Europa liberal y burocrática, desde 'Le Monde' a 'El País' o el 'Frankfurter Allgemeine'. Más de una vez, al contrastar cómo reproducen la misma noticia unos y otros, el 'cártel de citas' impide saber cuál ha sido el origen. Quizá, quién sabe, esto también es una metáfora de la Europa en que vivimos.
 

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